La poesía acompaña a la humanidad desde tiempos remotos y ha sido una de las formas más perdurables de expresar lo esencial. Desde Homero, figura fundacional de la tradición occidental, el poema ha servido para dar cauce a la épica, al amor, al dolor, a la contemplación y a las preguntas más hondas del ser humano. A lo largo de los siglos, esa corriente ha encontrado nuevas formas, nuevos acentos y nuevas voces, hasta llegar a una tradición hispana de enorme riqueza y diversidad.
Dentro de esa historia, nombres como Rubén Darío, Antonio Machado, Vicente Huidobro, César Vallejo, Federico García Lorca, Octavio Paz y Mario Benedetti contribuyeron a ampliar las posibilidades del verso en español. Cada uno, desde su tono y su visión, dejó una manera particular de entender la poesía y de trabajar el lenguaje. En este recorrido reunimos siete poetas contemporáneos de habla hispana cuya obra permite apreciar la vigencia, la amplitud, la sensibilidad, y la fuerza de una tradición que sigue encontrando lectores en cada época.
Juan Manuel Ortiz
Es un escritor, poeta, editor y docente venezolano formado en Educación Integral, mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Oriente, Núcleo Nueva Esparta, en 2008. A lo largo de su trayectoria se ha desempeñado como profesor universitario de Literatura, Historia de la Literatura, Arte y Cultura Universal, Música, Artes, Gramática y Expresión Oral y Escrita en la Universidad de Margarita y Unearte. Desde 2019 reside en Buenos Aires, Argentina, donde ha participado en encuentros académicos y culturales vinculados con la poesía, la música y la décima espinela. También es fundador y director de Editorial Naufragio, así como del portal Reseñas Literarias.
Su obra publicada supera los veinte libros, entre ellos dieciséis poemarios, además de novela, cuento, antologías y una composición musical para guitarra. Entre sus múltiples reconocimientos, destaca el haber obtenido en 2023 el primer lugar en dos categorías del I Certamen Literario José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco), con los poemas “Un hombre que será olvidado” y “Otro Abel”. En 2022 fue incluido en el Mapa Glocal de la Literatura Venezolana, y entre sus logros figura la incorporación de tres de sus poemas al pensum de estudio de Chile. Su escritura articula la poesía, el pensamiento crítico y la vocación pedagógica en una trayectoria de proyección hispanoamericana.
Poemas de Juan Manuel Ortiz
Otro Abel
(Soneto borgiano, sonetillo italiano-borgiano y décimas espinelas rimanianas)
I
Sitiado por las circunstancias de
una existencia que no pedí, lo
que llaman providencia me ubicó
aquí. Ahora debo optar una fe,
una mujer, un camino, café,
cigarros, trabajo, también un «yo»,
un equipo, un partido —verdozo o
rojizo—, tantos sinsentidos. Te
digo que intenté no sumarme al plan,
mas todo estaba minuciosamente
calculado para entrar al entuerto,
desde el amor, el periódico, el pan
—pude verlo de manera evidente—,
hasta la leve risa en cada muerto.
II
Me engrané, pues, y cedí
al ente condicionante
sin mesura. De mí di
lo que entrega un sabio amante,
mucho más allá del si
en la escala alta; un diamante
pulido era en todo: fui
Virgilio, también fui Dante.
Cumplí en la medida dada,
no se me halló falta alguna,
ni en la plegaria intrincada
sumergido en la laguna
—de espaldas, solo—, ni en cada
ruego al Dios bajo la luna.
III
Creí en tantas cosas a
lo largo del vivir, del
andar, del conocer, que el
«yo» a veces parte, se va.
Mas persisto allí, sin la
sustancia de lo que creo
es el alma; y no, no veo
escape posible, ni
solución a este —aquel— «mí
sin mí» que me tiene reo.
IV
Mudé tantas veces las
certezas, ánimos, credos,
confianzas, respetos, miedos,
que ya parezco un jamás.
Me acuesto, vacío, al ras
de olas extrañas; abrazo
la inmediatez, el retazo
que me toca en el incierto
compartido del desierto
que hilamos a corto plazo.
V
Allí, sin rellenos en
este frágil envoltorio,
me asumo simple abalorio
olvidado con desdén.
No sé si hallaré a ese “quien”
que enmiende la desmedida
culpa de abrigar la vida,
de encarnarme Adán, proscrito
desde aquel principio escrito
do la hiel fue repartida.
VI
De nada valió vagar
por cada uno de los santos
sitiales, ni obsequiar mantos
a los huérfanos del mar.
No hallé forma de purgar
los espinos de esta marca
que otorga al nacer la parca
al que arriba sin estrella
para rememorar que ella
siempre espera con su barca.
VII
Luego de tanta diatriba
—del sórdido ir y venir
entre la risa y el crujir—,
lo que digo ser se liba.
Cada parte se derriba,
se dispersa por doquier,
me voy crudo sin saber
más allá de lo debido,
creo haber sido un descuido,
un proto verbo: un ayer.
La habitación de los lirios
Allí amanecía con los gallos a las tres de la mañana,
ella llegaba un poco antes,
desde distintos caminos,
a recoger las cenizas para armarnos de nuevo.
Mi esperanza siempre era esperar que el mundo se quedara en el ventanal,
aprisionado,
para salir por la puerta y ver que encontraba,
adonde más podía ir.
De vez en cuando un caballo pastaba los libros que alguna vez quise escribir en la esquina que aguarda mis desvaríos,
luego se iba volando a la otra habitación donde alquilaba un buen hombre taciturno,
invadido por cayenas cada vez que un pescador se perdía en alta mar.
Sus paredes venían a mí a pedir consejos,
«¿Cómo hacer para resistir los años
y seguir con los huesos dentro,
con la piel tan dura,
con esos ojos de muralla infranqueable que no dejan ver el alma?»,
me preguntaban.
Metía mi mano en sus sienes,
lejos,
hasta la gravilla,
soltaba un hombre,
un árbol,
una serpiente,
una mujer
y eso era todo.
Aunque el ventanal era grande como para contener el mundo
—como un desvelo junto a un cuerpo que no se ama—
nunca cupo allí la ranchería que me trajo,
por eso me fui.
Más allá de un lirio,
de una isla,
de una paraulata en vuelo curioso,
hay un lugar de árboles en duelo…
ve y llora con ellos,
duerme un poco,
luego despierta en asombro,
como decapitado,
con el cantar de los gallos negros en la madrugada.
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Manuel Araguallán
Es un escritor y educador nacido en 1960 en El Pilar, estado Sucre, Venezuela. Es autor del libro de poesías Decimando lo vivido, editado y publicado por la editorial Naufragio, en Argentina. En su arduo trajinar, mientras laboraba en distintas empresas y cursaba sus estudios, se dedicó a escribir pequeños fragmentos relacionados con el vivir diario.
Entre esos textos figura este pensamiento: “Hijo, cuando te desenvuelvas libremente por los caminos de la vida, recuerda los brazos que te sostuvieron cuando diste tus primeros pasos”. Es licenciado en Educación Integral por la Universidad Nacional Abierta de Venezuela, donde obtuvo luego el grado de Especialista en Derechos Humanos. Actualmente reside en Santiago de Chile, desde donde desarrolla su labor literaria y publica en plataformas digitales.
Poemas de Manuel Araguallan
El jardín de los recuerdos
El jardín de mi pasado
hoy revive reluciente
por el sol bravo, inclemente
sobre mi cuerpo tostado.
Brota el recuerdo marcado,
vuelve la historia guardada
escondida, atesorada
con el más profundo amor,
con querencia, con candor
como una gema adorada.
II
El jardín de mi pasado
me revuelve el pensamiento,
aflora en mí el sentimiento
de algún encuentro olvidado
que adentro quedó marcado
como hierro incandescente,
y se ha aferrado a la mente
por un tiempo indefinido,
y no hallo gesto o sonido
que lo calme plenamente.
III
El jardín de mi pasado
resurgió de lo profundo,
de un corazón vagabundo
de la vida enamorado.
Tiene un tesoro guardado
como legado seguro
para un momento futuro
en el campo del saber
que cumplirá el buen deber
de hacer al hombre maduro.
El camino de la vida
I
El camino de la vida
deja mucho aprendizaje,
te lega un amplio paisaje
de la experiencia vivida.
En una mesa servida
con todos los elementos
te muestra los momentos
transcurridos plenamente
del pasado hasta el presente
con penas y sufrimientos.
II
El camino de la vida
es a veces riguroso,
se pone duro, tortuoso,
y no se encuentra salida.
Mas, también se hace nutrida
la historia en el trajinar,
crece el alma en el bregar,
se hace sabio el corazón,
lo que adiestra la opinión
y permite consolar.
III
El camino de la vida
a veces resulta incierto,
se aparece el desconcierto
y nos quema con su herida.
La fe se nos va, perdida,
se corroen los sentimientos,
lo que causa sufrimientos
al no encontrar solución,
y se rompe el corazón
en temblorosos fragmentos.
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José Joaquín Jesús Salazar Velásquez
Es un escritor nacido en 1954 en La Tacarigua de Margarita, Venezuela, e ingeniero industrial. A partir de 2000, tras la muerte de su padre, José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco), comenzó a expresar sus sentimientos a través de la poesía. Ha publicado Osa día (2012), Amo a dos, tú eres algo más (2017), Mis rimas Jotabé (2020) y Hoy quisiera (2025).
Ha sido jurado en certámenes de poesía en España, México y Venezuela, y varios de sus poemas han aparecido en antologías y revistas de España y Latinoamérica. También ha participado y recibido reconocimientos en concursos internacionales. Es Maestre de la Real Orden Poético-Literaria Juan Benito, integra la Fundación José Joaquín Salazar Franco y fue promotor del Fondo Editorial Tacarigua.
Poemas de José Joaquín Jesús Salazar Velásquez
Reflexiones
(Soneto)
Cuando entre lo real que hemos vivido
se incrustan sentimientos y temores,
se van urdiendo ciertos sinsabores
que impactan con dolor lo más querido.
Surgen dudas en mente y corazón
que vagan sin cesar sobre el incierto
de querer revivir lo que se ha muerto
por culpa de una injusta condición.
Difícil destejer la oscura trama
que entrelaza deseo con amor
cuando no hay claridad en lo que se ama.
Por eso es importante, es lo mejor,
tratar de mitigar cualquiera llama
que encienda la pradera del dolor.
Pero sí pudo ser
(Cuartetas heptasílabas)
Pensé que era imposible
obtener tu querer.
Amor inconcebible,
pero sí pudo ser.
Tu cuerpo irresistible
soñaba con tener.
Pensé que era imposible,
pero sí pudo ser.
El otoño se impuso
ante tu primavera,
y cual hábil intruso
incendió tu pradera.
Tu pradera encendida
avivó un gran placer
y contigo, mi vida,
el amor pudo ser.
Un amor increíble,
adorable mujer,
que pensaba imposible,
pero sí pudo ser.
Redes sociales José Joaquín Jesús Salazar Velásquez
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José Luis Méndez La Fuente (J. L. Méndez)
Es un autor venezolano de publicación tardía. Parte de su trabajo narrativo se recoge en Fragmentos de una década, Venezuela 1999-2013 (Amazon, 2020), una selección de sus artículos de opinión para la prensa escritos durante esos años; en su libro de relatos, Cuentos diurnos (Editorial Letra Minúscula, 2024), inscrito en la mejor tradición hispanoamericana; y en el thriller político El biógrafo del presidente (Techos Rojos), novela reeditada en 2026 por Ediciones Daimon.
Algoritmos, su libro de poesía publicado en Amazon en 2023, conformado por cuarenta y seis poemas escritos entre la eufonía de la cadencia asonante y la flexibilidad del verso libre, puede considerarse, en cierta medida, una respuesta postergada pero ineludible a sus primeras inquietudes literarias de juventud, cuando colaboraba en la revista Selecciones Poéticas y en las páginas literarias de los diarios PANORAMA y Crítica de la ciudad de Maracaibo.
Poemas de José Luis Méndez La Fuente
Este ruido de hoy
Este ruido de hoy me duele más que ayer
y más que el de mañana,
apenas cierro la puerta.
La calle es una herida, metiéndose en la piel,
Me guío por las hormigas que mueven las constelaciones
aunque cerró el bar de la esquina,
la iglesia y el taller
Este ruido sordo, incierto, sin hacer,
me duele,
no importan los calmantes
destello de las luces y las vallas alertando
que ya abrió el campanario,
la guerra con metralla
tu instinto de mujer
La esquina es una fiesta callada
con nervios de alabastro y taladros danzando
Este ruido de ahora y de mañana,
me duele como antes
y menos que hace un rato,
me duele como siempre
me duele como ayer.
Levedad
Alejarme con el viento suavemente
más allá de las torres y las velas
y mirar desde la ingravidez del aire
por encima del cielo y de la tierra
Elevarme lentamente como un ave
superar los montes y las cordilleras
alcanzar las nubes bajo el infinito
y tocar con los dedos las estrellas
Flotar como una pluma pasajera
que posa su vaivén sobre la arena,
volar sin hallar nada, dando tumbos,
descifrando el acertijo de tu huella
y vagando por la atmósfera sin rumbo
encontrarte justo aquí sobre la tierra.
Redes de José Luis Méndez La Fuente
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Rafael Figueredo Oropeza
Nacido en Caracas en 1987 y radicado actualmente en Bogotá, Colombia, es un escritor venezolano cuya obra transita entre la narrativa y la poesía. Licenciado en Física por la Universidad Simón Bolívar, ha desarrollado en paralelo una trayectoria profesional en el campo de la ingeniería de software, mientras sostiene una búsqueda literaria marcada por la reflexión, el asombro y la exploración de la experiencia humana. En 2012 obtuvo el primer lugar en el Concurso Universitario de Cuentos José Santos Urriola y el segundo lugar en el Concurso de Poesía Iraset Páez Urdaneta. En 2014 recibió el Premio Venezolano Solsticios, en la categoría de Ciencia ficción, por su cuento Epidermis.
Sus textos han sido publicados en revistas digitales y antologías como Letralia, Anapoyesis, Sofón y Tiempos Oscuros. Su escritura se mueve en un territorio donde lo cotidiano dialoga con lo mítico, y donde la perplejidad, la memoria y la extrañeza se convierten en materia poética. En sus versos y relatos se advierte una voz introspectiva, atenta a las fisuras de la existencia y a los símbolos que acompañan el paso del ser humano por el tiempo, la pérdida y la incertidumbre. Su primer libro, Nos delata la perplejidad, reúne buena parte de esas búsquedas.
Poemas de Rafael Figueredo Oropeza
Amarrar una hallaca
Amarrar una hallaca
como si con el mismo pabilo
pudiéramos atrapar la vida.
Como si lográramos amarrar el tiempo
con aquel pabilo que nos une
a los recuerdos de la infancia.
Pero es inútil,
finalmente sé que cortaremos el pabilo
y pasará otro año.
Caracol
Mi madre crustácea tiene
la mala costumbre
de guardar objetos inútiles.
Le gusta atesorar ciertas cosas
para evitar que en un súbito descuido
alguna añoranza se pierda para siempre.
En febriles paredes
restalla el oleaje de sus devotos pasos.
Ella bebe café en silencio
mientras la tarde se va cubriendo de vistosos
arreboles
y con ojos de molusco
contempla tazas vacías, vajillas
y cubiertos que ahora nadie usa.
Su paulatino y religioso andar recorre
con minuciosidad
cada una de las habitaciones
(como un caracol, ella arrastra la casa
a cuestas).
Se fija en las camas desiertas
que aún conservan las sábanas a medio arreglar
a la espera de que en algún momento
tres hijos pródigos ya adultos
regresen desde lejos.
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José Molina
Miembro de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, José Molina (Granada, 1956) ha trabajado en el mundo editorial durante más de cuarenta años, a lo largo de los cuales ha ejercido casi todos los oficios. Como escritor, es autor, entre otras obras, de los libros de relatos Un soplo en el corazón (2017), Premio de Cuentos Ignacio Aldecoa, y El alma desnuda. Relatos desafiando al tiempo (2018).
También ha publicado las novelas Mañana de domingo (2022), Aquellas maravillosas vacaciones (2023), Urgencias (2023), Diario de un adolescente en prácticas (2024) y Diario de un joven en pañales (en prensa), así como los poemarios El delirio de la palabra. Prosas y versos de juventud (2016), Del amor y otras locuras (2021), Reverso y anverso. Poemas de largo recorrido (2022), Travesía sentimental (2023), Paisaje interior. Poemas de última hora (2024) y Más que palabras. Poemario íntimo (2025).
Poemas de José Molina
Otras guerras
Hay guerras que son otras guerras,
guerras perdidas que nunca se ganan
que se combaten sin armas,
pero laceran y matan.
Guerras que no se bautizan,
guerras sin edad ni nombre,
invisibles y fantasmas,
que no tienen dueño;
solo rehenes camuflados
para que nadie los vea ni oiga.
Guerras que se gritan en silencio
y se silencian a gritos,
que rugen sin voces que las acallen,
pero agrietan la tierra
hasta dejarla yerma.
Guerras que no cicatrizan,
que claman venganza y odio,
que la vida no vale nada,
ni un soplo de esperanza.
Guerras que solo pierden
los que solo las sufren,
que matan de hambre
y la miseria las desangra.
Guerras sin cuartel,
que se lidian a cielo abierto,
sin una miserable trinchera
en la que hallar refugio.
Guerras a pie de calle,
a la vuelta de la esquina,
con soldados sin uniforme
que fusilan por la espalda.
Guerras en orillas desiertas,
en las que no hay oasis
en los que suturar penas
y aquietar angustias.
Guerras que se libran en pateras,
cruzando estrechos que se ensanchan,
surcando mares revueltas,
donde la vida se echa a suerte.
Guerras de náufragos a la deriva
pidiendo que alguien los rescate,
que no quieren perecer
en mitad de la nada,
sin que nadie sepa de ellos.
Guerras de exiliados sin destino,
de migrantes en travesías sin retorno
cruzando fronteras alambradas
que les cercenan el camino;
saltando vallas con espinas
que se clavan en sus almas.
Guerras traficando con vidas rotas,
de gentes sin hoy ni mañana,
condenadas al dolor y la indolencia,
la indigencia y la desesperanza,
la fatalidad y el desgarro,
el agravio y el maltrato,
el desprecio y el abandono.
Hay guerras que son otras guerras,
que se ignoran o se desconocen,
se desdeñan o se arrinconan,
pero que no pueden olvidarse.
Poeta
No relleno páginas en blanco
con un puñado de palabras
descabalgadas y sin argumento.
Relleno con un ramillete de versos
las urgencias que mi alma clama.
No escribo por aquello de escribir
sobre cosas que no requiero.
Escribo porque necesito escribir
sobre aquello que mi corazón
sin falta necesita que escriba.
No entiendo de poemas vacíos
que nada confiesan de cuanto se siente.
Confieso que ejerzo de poeta
porque me urge confesar lo que siento.
En mi urgente acto de confesión
válgome de versos creyéndose prosas,
de prosas soñando con ser versos.
No hallo límites ni distancias
para revelar qué amo o qué desamo,
qué quiero o qué no quiero,
qué olvido o qué recuerdo,
qué lamento o qué celebro,
qué me regocija o qué me daña,
qué consiento o qué desdeño;
revelar que he hallado la felicidad plena
o que solo la he hallado a medias,
que a veces río o de tarde en tarde lloro,
que vivo para vivir o fenezco en vida.
No ejerzo de hacedor de versos
para decir algo que no haya de decir.
Me erijo en aprendiz de poeta
para desvelar mis sentimientos
al dictado de mi conciencia,
al viento vocear las emociones
que me abrasan por dentro.
No, no relleno páginas vacías
con un fardo de palabras
que se esfuman sin decir nada
con un simple soplo de aire.
Con un alarido de versos
relleno los ardientes clamores
que resuenan con estruendo
en lo más profundo de mi alma.
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Andrés Marente
Es un escritor de cuentos y creador visual de 39 años nacido en Colombia. Su obra se distingue por un lenguaje erótico y sensual que entrelaza poesía, deseo y exploración emocional. En relatos como La humedad del subconsciente y Dos amantes de Praga, desarrolla atmósferas íntimas donde el cuerpo y la palabra dialogan con intensidad lírica.
Paralelamente, incursiona en la literatura infantil con El rincón del artista y en la narrativa híbrida con La entrada al diario de Emma Jensen, integrando texto e ilustración. Es creador, ilustrador y CEO de Portada Literaria (@portadagrafica), proyecto en Instagram que acompaña a escritores en el desarrollo visual de sus portadas y obras, complementado desde su plataforma digital.
Poemas de Andrés Merente
Mi amada Vittoria
(Escrito declamado en la 3 feria del libro de Italia)
En Milán aprendí de tu ausencia
cómo se prende el mármol al frío
con respeto y con temblor, bajo las agujas del duomo de la plaza,
mientras tu boca, se detenía antes del beso, antes del instante, antes de arder.
En Florencia, su cuerpo entrego en proporciones perfectas, mi amada eligió
cada puente bajo el agua resonaba con tu nombre, cada catedral respiraba lento
cuando tus manos pasaban por tu cuerpo dibujando mi silueta en forma lenta, sin prisa
como con la yema suave de tus dedos dibujaban la noche estrellada.
De Palermo a Sicilia, ardían nuestros cuerpos,
De aquellas piedras que sudaban sal, que caminaban el recuerdo de tu cuerpo
Y allí, entre el deseo y tus piernas entendí, que ese fuego tuyo no pide permiso
¡No irrumpe!
¡se queda!
¡Me gobierna!
Y Yo te, mantuve desnuda por dentro,
Te quite la ropa, por cada ciudad en cada sombra, en cada atardecer
mi amada Vittoria volvía a ser mía y yo suyo, tú entre gemidos y yo entre la memoria encendida.
ámame con tus imperfecciones
ven y abrázame en el jardín de los desiertos,
jardín de las delicias que arde bajo la luna oscura,
ilumina con tu estrella mi horizonte desnudo,
sé testigo del vestigio ardiente de dos amantes.
riega mi piel como a tu rosa favorita,
mírame como si entre miles eligieras mi latido,
quédate en la frontera donde el deseo respira,
ámame con la certeza salvaje de quien no huye.
tómame como a mí me gusta,
con tus miedos y tus imperfecciones abiertas,
quiéreme sin armaduras ni excusas,
para continuar bajo el sol ardiente de este desierto.
solo faltas tú con tus manos suaves,
rozando la sed que me atraviesa,
contigo tengo la sensación de perderlo todo
y en esa caída dulce, encontrar mi eternidad.
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Augusto Aníbal Toledo
Es un poeta y escritor nacido en 1981 en Tacna, con estudios concluidos en Literatura y Lingüística y formación de posgrado en Investigación e Innovación Científica. Desde sus inicios ha estado vinculado al trabajo editorial, participando como editor y coeditor de revistas literarias durante su etapa universitaria.
Su escritura ha sido reconocida con el Premio Basadre en Poesía y el Premio de Creación Poética Casa Zela. Además de su labor como autor, se desempeña como corrector de estilo literario y académico, y dicta talleres de escritura creativa. Textos suyos han aparecido en revistas electrónicas como Cinosargo, Delirium Tremens, Groenlandia y Letrasértica. Es autor de Primavera Extramuros y Órbita rota, y mantiene los blogs Letamepanta, Ciiiberia y Taller Creación Texto.
Poemas de Augusto Aníbal Toledo
Entonces no diré más, solo sellar cada pensamiento esta mañana para recordarlo
Yo te amo con cada espina de amor y suspiro
Yo te amo y amo cada pétalo marchito esnifado
Yo te amo con fervor ígneo (yo te amo)
Como en el suspiro de sentir calma en el miedo
Como a la flor que renunció a sí misma para anidar en tu cabello
Yo te amo simplemente esperando una mirada, tu mirada
Yo te amo y deseo encontrarte casualmente por la vereda que transito
Yo te amo –te amo yo– y necesito tu esencia en mi recuerdo en mi memoria –en mi deseo– en mi malestar en mi alegría en mí para sonreír
Yo no sé sin ti
Yo te amo
Fuera o dentro –te amo– ausente –te amo–
Noche / Día Enamorado
O solo.
Eternamente me convertiste
En Yo-te-amo
Y necesito tu perfume para revivir adentro
Y necesito lacerarme con amor impropio
Buscar la incertidumbre lleno de ti sobre mí…
Necesito besarte para ascender al fuego
Sentirte para corroborar que de amor hay muerte luego.
Contemplación
Dispárame y no contemples
El amniótico fluido que recorre espinas y alucinaciones llenas de brisa putrefacta
Que escapa de mi vientre horrorizado por palabras románticas irreales.
Caímos de nuestro vuelo vacilante
Hacia realidades de impuestos y tarifas fraccionadas
Escapa del crepúsculo
Dispárame ahora que el miedo me extravasa oliendo a
ternura y la desgracia se disemina por el horizonte de otra pareja.
Dispárame el fuego fulminante de tu desprecio que ha de llevarme a recordar, recordar… horrorizado ante una promesa que prefiere desangrar.
Antes del grito.
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