Actitud enunciativa: definición, características y ejemplos originales

Tiempo de lectura: 7 minutos
Acitud enunciativa

Tabla de Contenido

La actitud enunciativa se presenta cuando la voz poética organiza el poema desde la observación. En este contexto, el mundo externo asume un papel central: un paisaje, una escena o un acontecimiento se convierten en motivo del verso. El hablante registra lo que ocurre, selecciona detalles significativos y los dispone en el poema de manera que el lector pueda seguir la secuencia de imágenes. La escritura se apoya en esta mirada que recorre el entorno y lo transforma en materia verbal.

En la actitud enunciativa, la mirada se dirige hacia aquello que se despliega frente al hablante y encuentra en esa percepción la base del discurso. De esta manera, el poema toma forma a partir de la representación de un entorno o de una situación concreta que el lector puede visualizar. En tal sentido, la actitud enunciativa construye una experiencia poética donde la escena domina sobre la confesión íntima o la interpelación directa.

¿Qué es la actitud enunciativa?

Se denomina actitud enunciativa al modo de enunciación en el que el hablante lírico expone una realidad externa. Es decir, la voz elige situarse como observadora y organiza el poema en función de aquello que ve, recuerda o registra. La descripción o narración poética de lo observado sostiene la estructura del texto y orienta su desarrollo.

El hablante puede insinuar su presencia, aunque esta presencia no se impone como tema principal. En este marco, la atención se concentra en aquello que se muestra: un paisaje urbano, un gesto humano, un cambio de luz, una secuencia de acciones. De este modo, la actitud enunciativa articula una poética de la mirada y convierte la observación en eje de sentido.

Rasgos característicos

1. Tercera persona o perspectiva impersonal

Con frecuencia se emplean formas en tercera persona o estructuras que desplazan el foco hacia el objeto lírico. Expresiones como «la tarde», «las casas», «ellos», «el río», «las sombras» se presentan como protagonistas del enunciado. En este sentido, los pronombres y los verbos sitúan la escena por delante del yo explícito.

2. Representación del entorno

La actitud enunciativa se apoya en la construcción de un entorno reconocible. El poema que aplica esta voz describe colores, movimientos, texturas, sonidos y disposiciones espaciales. A partir de esta representación, el lector puede reconstruir el espacio y la situación que el hablante ha decidido poner en palabras. De esta manera, la escena se vuelve el centro de la experiencia lírica.

3. Lenguaje con función descriptiva

El lenguaje asume una función descriptiva marcada, por lo que los adjetivos, los verbos de movimiento y los sustantivos concretos colaboran en la tarea de mostrar. Por lo tanto, la elección léxica privilegia términos que permiten seguir el curso de lo que sucede: avanzar, girar, caer, brillar, extenderse, entre otros. La musicalidad del poema acompaña este recorrido visual.

4. Distancia expresiva

El hablante mantiene una distancia que favorece la contemplación. Esta postura no elimina la sensibilidad, sino que la encauza a través de la objetivación del entorno. En este marco, el poema puede transmitir emociones, aunque lo hace mediante la manera en que presenta la escena, y no a través de confesiones directas. La actitud enunciativa genera así una forma de mirada que observa, registra y ordena.

Cómo reconocer la actitud enunciativa

Al analizar un poema, es posible identificar la actitud enunciativa si se atiende a ciertos indicios. En primer lugar, la descripción del exterior adquiere una presencia dominante. El lector percibe que el texto está dedicado a mostrar un espacio, un objeto, un comportamiento o una sucesión de acontecimientos.

En segundo lugar, los verbos se relacionan con acciones o estados que pueden percibirse de manera concreta: caminar, abrirse, oscurecer, encenderse, alzarse. En este sentido, la voz se sitúa como testigo y organiza el poema alrededor de la visualidad del mundo. Por último, la secuencia de imágenes invita a recorrer una escena específica y a comprender el poema como un recorrido por ese territorio representado.

Ejemplos originales de actitud enunciativa

Los siguientes ejemplos de actitud enunciativa son extraídos del poemario Rimando hasta la orilla.

El falso escape

(Décimas y redondilla, por Juan Ortiz)

Escasea el pan, el comino,

mas se insiste en asomarse

por la ventana y centrarse

en la suerte del vecino.

No pinta bien el camino,

el cuarto envuelto en inviernos,

la sala llena de avernos

y de un hambre que no calla,

pero allí anda en la pantalla

buscando peores infiernos.

En todo espacio: roturas;

alma y mente: un desastre;

pero va y señala el lastre

de los otros, sus fisuras.

Se enarbolan bravuras

para maquillar la herida,

mas no hay máscara a medida

que oculte la realidad:

sigue la infelicidad

como dueña de su vida.

 

Parece locura aquello,

pero es simple narcisismo:

vivir en un espejismo

y sentir orgullo de ello.

La corrección pública y la privada

(Décimas, por Juan Ortiz)

El que en público corrige

evidencia un alma oscura,

también muestra la basura

que a su ser ensucia y rige.

Cree que humilla a quien dirige

su envenenado puñal,

pero el verdadero mal

se lo está haciendo a sí mismo,

aunque en su enfermo cinismo

piense que actúa normal.

El que corrige en privado

demuestra sabiduría,

le gobierna la empatía

propia del hombre educado.

Al actuar así ha ganado

el respeto de su igual,

puesto que remedió un mal

sin que nadie lo notara,

accionar de un alma clara

que merece un buen sitial.

Cuidado con la lisonja

(Décima, por Juan Ortiz)

Cuidado con la lisonja,

es un banquete barato

que se ofrece cual buen plato

siempre a cambio de una lonja.

Agrio como la toronja

es el sabor que le deja

a quienes se les corteja

y aceptan la adulación;

aprende de esta lección,

no sirvas de moraleja.

Piensa bien antes de hablar

(Décima, por Juan Ortiz)

Procura no encadenar

tu vida con tu palabra:

el destino de la cabra

toca al de ligero hablar.

Piensa antes de declarar

con el ánimo altanero,

ciertas veces ser sincero

acarrea la desgracia;

si fallaste: busca gracia,

o te espera el matadero.

Recuerda tu humanidad

(Décima, por Juan Ortiz)

No seas cien por ciento bueno

ni malo en la plenitud,

muy cerca del ataúd

vive el intenso sin freno.

De la cizaña sé ajeno

también de la atrocidad,

y si abrazas la bondad:

nunca vociferes, calla;

todo humano miente y falla,

no te alabes: humildad.

El hombre que nada espera

(Décima, por Juan Ortiz)

Hay virtud en esperar

muy poco de las personas:

menos penas amontonas

y evitas el repensar.

Es tan libre como el mar

el hombre que nada espera:

su semblante no se altera

por asuntos sin valía,

de él depende su alegría,

no importa qué pase afuera.

Décima no es cualquier cosa

(Siguiendo el ejemplo de José Ramón Villarroel, por Juan Ortiz)

Bastión de nuestra cultura

es la estrofa consumada

por Espinel, condensada

en su métrica y estructura.

Una creación de altura

que pide de quien se adosa

disciplina rigurosa

al asumir su papel;

como dijo Villarroel:

«Décima no es cualquier cosa».

Aunque la fórmula es noble

con quien llega a conocerla,

solo le da el brillo perla

quien la estudia más del doble.

El que es firme como el roble

en la ampliación de su glosa

y se forma en rima y prosa

para alcanzar buen nivel

ha entendido a Villaroel:

«Décima no es cualquier cosa».

 

Quien cumpliendo lo ideado

en la versación y rima,

lo poético no escatima,

ha abrazado su legado.

No se llega al alto estado

de hablar tú a tú con la rosa

si Calíope no es la esposa,

señora y ama del vergel;

bien lo dijo Villaroel:

«Décima no es cualquier cosa».

El saber y sus caminos

(Décima, por Juan Ortiz)

El saber tiene caminos

que la labia desconoce;

estudia, abrázate al goce

que dan la ciencia y sus trinos.

Entrañables, ricos, finos

son estos senderos; haz

uso de ellos, ve a su faz

y escudriña lo que puedas,

y si te cansas, no cedas,

pues tu lauro será paz.

Hablemos de Villarroel

(Décima, por Juan Ortiz)

Hablemos de Villarroel,

El Huracán del Caribe,

nuestra décima se escribe

distinta después de él.

Con su pluma de cincel

grabó versos contundentes

en las plazas, calles, gentes

de la Margarita entera;

su canto es himno y bandera

a los juglares presentes.

Funciones de la actitud enunciativa

La actitud enunciativa propone una forma particular de construir el poema a través de la observación. En este marco, conviene revisar sus funciones, ya que permiten comprender cómo esta mirada influye tanto en la lectura como en la escritura.

En la lectura

La actitud enunciativa facilita la comprensión del poema como construcción de un espacio o de una situación. El lector se aproxima al texto mediante la percepción que el hablante organiza. De esta manera, puede seguir la lógica interna de las imágenes, advertir cómo se dispone el paisaje o la escena, y reconocer el lugar que ocupa cada elemento dentro del conjunto.

Además, esta actitud permite detectar el tipo de vínculo que el hablante establece con el mundo que presenta. La voz se percibe como testigo, cronista o contemplador, y esa función se vuelve clave al interpretar el tono del poema. En este contexto, la lectura se orienta hacia la captación de la escena y su atmósfera.

En la escritura

Para quien escribe poesía, la actitud enunciativa abre una vía de trabajo centrada en la mirada. El acto de observar se convierte en punto de partida. Un cambio de clima, una calle, un interior doméstico o una situación colectiva pueden transformarse en núcleo del poema si se administran con atención los detalles significativos.

En tal sentido, el poeta puede explorar la manera en que un entorno revela una experiencia sin necesidad de recurrir de inmediato a la confesión o a la apelación. La observación, la selección de imágenes y el orden de las escenas construyen una forma de sensibilidad que se apoya en lo visible y lo narrable.

Diferencias operativas dentro del sistema de actitudes líricas

En el estudio de la lírica en lengua española se suele trabajar con tres actitudes principales: enunciativa, apostrófica y carmínica. Cada una se vincula con la posición de la voz frente al poema.

En la actitud enunciativa, el foco recae en aquello que se observa. Por su parte, en la actitud apostrófica, el eje pasa por un destinatario dentro del texto, y la voz se dirige a un «tú». Mientras que en la actitud carmínica, la mirada se orienta hacia la interioridad del hablante y la experiencia se presenta como confesión o reflexión íntima.

Este esquema no busca encasillar los poemas, sino ofrecer herramientas de lectura. De esta forma, el lector puede identificar cuál es la orientación dominante en un texto concreto y analizar cómo esa orientación influye en el tono, en la sintaxis y en la construcción de las imágenes.

Consideraciones finales sobre la actitud enunciativa

La actitud enunciativa organiza la experiencia poética a partir de la observación del mundo. El hablante lírico se convierte en testigo y establece una relación de contemplación con aquello que decide mostrar. En este marco, la representación externa del entorno se transforma en materia expresiva y adquiere valor estético mediante la selección de imágenes, ritmos y escenas.

De esta manera, el poema invita a mirar con detenimiento y a descubrir cómo la realidad, al pasar por la mirada del hablante, se convierte en una forma de conocimiento y de belleza verbal. La actitud enunciativa, entendida así, aporta una herramienta precisa para leer y escribir poesía desde la claridad de la mirada.

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