La actitud enunciativa se presenta cuando la voz poética organiza el poema desde la observación. En este contexto, el mundo externo asume un papel central: un paisaje, una escena o un acontecimiento se convierten en motivo del verso. El hablante registra lo que ocurre, selecciona detalles significativos y los dispone en el poema de manera que el lector pueda seguir la secuencia de imágenes. La escritura se apoya en esta mirada que recorre el entorno y lo transforma en materia verbal.
En la actitud enunciativa, la mirada se dirige hacia aquello que se despliega frente al hablante y encuentra en esa percepción la base del discurso. De esta manera, el poema toma forma a partir de la representación de un entorno o de una situación concreta que el lector puede visualizar. En tal sentido, la actitud enunciativa construye una experiencia poética donde la escena domina sobre la confesión íntima o la interpelación directa.
¿Qué es la actitud enunciativa?
Se denomina actitud enunciativa al modo de enunciación en el que el hablante lírico expone una realidad externa. Es decir, la voz elige situarse como observadora y organiza el poema en función de aquello que ve, recuerda o registra. La descripción o narración poética de lo observado sostiene la estructura del texto y orienta su desarrollo.
El hablante puede insinuar su presencia, aunque esta presencia no se impone como tema principal. En este marco, la atención se concentra en aquello que se muestra: un paisaje urbano, un gesto humano, un cambio de luz, una secuencia de acciones. De este modo, la actitud enunciativa articula una poética de la mirada y convierte la observación en eje de sentido.
Rasgos característicos
1. Tercera persona o perspectiva impersonal
Con frecuencia se emplean formas en tercera persona o estructuras que desplazan el foco hacia el objeto lírico. Expresiones como «la tarde», «las casas», «ellos», «el río», «las sombras» se presentan como protagonistas del enunciado. En este sentido, los pronombres y los verbos sitúan la escena por delante del yo explícito.
2. Representación del entorno
La actitud enunciativa se apoya en la construcción de un entorno reconocible. El poema que aplica esta voz describe colores, movimientos, texturas, sonidos y disposiciones espaciales. A partir de esta representación, el lector puede reconstruir el espacio y la situación que el hablante ha decidido poner en palabras. De esta manera, la escena se vuelve el centro de la experiencia lírica.
3. Lenguaje con función descriptiva
El lenguaje asume una función descriptiva marcada, por lo que los adjetivos, los verbos de movimiento y los sustantivos concretos colaboran en la tarea de mostrar. Por lo tanto, la elección léxica privilegia términos que permiten seguir el curso de lo que sucede: avanzar, girar, caer, brillar, extenderse, entre otros. La musicalidad del poema acompaña este recorrido visual.
4. Distancia expresiva
El hablante mantiene una distancia que favorece la contemplación. Esta postura no elimina la sensibilidad, sino que la encauza a través de la objetivación del entorno. En este marco, el poema puede transmitir emociones, aunque lo hace mediante la manera en que presenta la escena, y no a través de confesiones directas. La actitud enunciativa genera así una forma de mirada que observa, registra y ordena.
Cómo reconocer la actitud enunciativa
Al analizar un poema, es posible identificar la actitud enunciativa si se atiende a ciertos indicios. En primer lugar, la descripción del exterior adquiere una presencia dominante. El lector percibe que el texto está dedicado a mostrar un espacio, un objeto, un comportamiento o una sucesión de acontecimientos.
En segundo lugar, los verbos se relacionan con acciones o estados que pueden percibirse de manera concreta: caminar, abrirse, oscurecer, encenderse, alzarse. En este sentido, la voz se sitúa como testigo y organiza el poema alrededor de la visualidad del mundo. Por último, la secuencia de imágenes invita a recorrer una escena específica y a comprender el poema como un recorrido por ese territorio representado.
Ejemplos originales de actitud enunciativa
Los siguientes ejemplos de actitud enunciativa son extraídos del poemario Rimando hasta la orilla.
El falso escape
(Décimas y redondilla, por Juan Ortiz)
Escasea el pan, el comino,
mas se insiste en asomarse
por la ventana y centrarse
en la suerte del vecino.
No pinta bien el camino,
el cuarto envuelto en inviernos,
la sala llena de avernos
y de un hambre que no calla,
pero allí anda en la pantalla
buscando peores infiernos.
En todo espacio: roturas;
alma y mente: un desastre;
pero va y señala el lastre
de los otros, sus fisuras.
Se enarbolan bravuras
para maquillar la herida,
mas no hay máscara a medida
que oculte la realidad:
sigue la infelicidad
como dueña de su vida.
Parece locura aquello,
pero es simple narcisismo:
vivir en un espejismo
y sentir orgullo de ello.
La corrección pública y la privada
(Décimas, por Juan Ortiz)
El que en público corrige
evidencia un alma oscura,
también muestra la basura
que a su ser ensucia y rige.
Cree que humilla a quien dirige
su envenenado puñal,
pero el verdadero mal
se lo está haciendo a sí mismo,
aunque en su enfermo cinismo
piense que actúa normal.
El que corrige en privado
demuestra sabiduría,
le gobierna la empatía
propia del hombre educado.
Al actuar así ha ganado
el respeto de su igual,
puesto que remedió un mal
sin que nadie lo notara,
accionar de un alma clara
que merece un buen sitial.
Cuidado con la lisonja
(Décima, por Juan Ortiz)
Cuidado con la lisonja,
es un banquete barato
que se ofrece cual buen plato
siempre a cambio de una lonja.
Agrio como la toronja
es el sabor que le deja
a quienes se les corteja
y aceptan la adulación;
aprende de esta lección,
no sirvas de moraleja.
Piensa bien antes de hablar
(Décima, por Juan Ortiz)
Procura no encadenar
tu vida con tu palabra:
el destino de la cabra
toca al de ligero hablar.
Piensa antes de declarar
con el ánimo altanero,
ciertas veces ser sincero
acarrea la desgracia;
si fallaste: busca gracia,
o te espera el matadero.
Recuerda tu humanidad
(Décima, por Juan Ortiz)
No seas cien por ciento bueno
ni malo en la plenitud,
muy cerca del ataúd
vive el intenso sin freno.
De la cizaña sé ajeno
también de la atrocidad,
y si abrazas la bondad:
nunca vociferes, calla;
todo humano miente y falla,
no te alabes: humildad.
El hombre que nada espera
(Décima, por Juan Ortiz)
Hay virtud en esperar
muy poco de las personas:
menos penas amontonas
y evitas el repensar.
Es tan libre como el mar
el hombre que nada espera:
su semblante no se altera
por asuntos sin valía,
de él depende su alegría,
no importa qué pase afuera.
Décima no es cualquier cosa
(Siguiendo el ejemplo de José Ramón Villarroel, por Juan Ortiz)
Bastión de nuestra cultura
es la estrofa consumada
por Espinel, condensada
en su métrica y estructura.
Una creación de altura
que pide de quien se adosa
disciplina rigurosa
al asumir su papel;
como dijo Villarroel:
«Décima no es cualquier cosa».
Aunque la fórmula es noble
con quien llega a conocerla,
solo le da el brillo perla
quien la estudia más del doble.
El que es firme como el roble
en la ampliación de su glosa
y se forma en rima y prosa
para alcanzar buen nivel
ha entendido a Villaroel:
«Décima no es cualquier cosa».
Quien cumpliendo lo ideado
en la versación y rima,
lo poético no escatima,
ha abrazado su legado.
No se llega al alto estado
de hablar tú a tú con la rosa
si Calíope no es la esposa,
señora y ama del vergel;
bien lo dijo Villaroel:
«Décima no es cualquier cosa».
El saber y sus caminos
(Décima, por Juan Ortiz)
El saber tiene caminos
que la labia desconoce;
estudia, abrázate al goce
que dan la ciencia y sus trinos.
Entrañables, ricos, finos
son estos senderos; haz
uso de ellos, ve a su faz
y escudriña lo que puedas,
y si te cansas, no cedas,
pues tu lauro será paz.
Hablemos de Villarroel
(Décima, por Juan Ortiz)
Hablemos de Villarroel,
El Huracán del Caribe,
nuestra décima se escribe
distinta después de él.
Con su pluma de cincel
grabó versos contundentes
en las plazas, calles, gentes
de la Margarita entera;
su canto es himno y bandera
a los juglares presentes.
Funciones de la actitud enunciativa
La actitud enunciativa propone una forma particular de construir el poema a través de la observación. En este marco, conviene revisar sus funciones, ya que permiten comprender cómo esta mirada influye tanto en la lectura como en la escritura.
En la lectura
La actitud enunciativa facilita la comprensión del poema como construcción de un espacio o de una situación. El lector se aproxima al texto mediante la percepción que el hablante organiza. De esta manera, puede seguir la lógica interna de las imágenes, advertir cómo se dispone el paisaje o la escena, y reconocer el lugar que ocupa cada elemento dentro del conjunto.
Además, esta actitud permite detectar el tipo de vínculo que el hablante establece con el mundo que presenta. La voz se percibe como testigo, cronista o contemplador, y esa función se vuelve clave al interpretar el tono del poema. En este contexto, la lectura se orienta hacia la captación de la escena y su atmósfera.
En la escritura
Para quien escribe poesía, la actitud enunciativa abre una vía de trabajo centrada en la mirada. El acto de observar se convierte en punto de partida. Un cambio de clima, una calle, un interior doméstico o una situación colectiva pueden transformarse en núcleo del poema si se administran con atención los detalles significativos.
En tal sentido, el poeta puede explorar la manera en que un entorno revela una experiencia sin necesidad de recurrir de inmediato a la confesión o a la apelación. La observación, la selección de imágenes y el orden de las escenas construyen una forma de sensibilidad que se apoya en lo visible y lo narrable.
Diferencias operativas dentro del sistema de actitudes líricas
En el estudio de la lírica en lengua española se suele trabajar con tres actitudes principales: enunciativa, apostrófica y carmínica. Cada una se vincula con la posición de la voz frente al poema.
En la actitud enunciativa, el foco recae en aquello que se observa. Por su parte, en la actitud apostrófica, el eje pasa por un destinatario dentro del texto, y la voz se dirige a un «tú». Mientras que en la actitud carmínica, la mirada se orienta hacia la interioridad del hablante y la experiencia se presenta como confesión o reflexión íntima.
Este esquema no busca encasillar los poemas, sino ofrecer herramientas de lectura. De esta forma, el lector puede identificar cuál es la orientación dominante en un texto concreto y analizar cómo esa orientación influye en el tono, en la sintaxis y en la construcción de las imágenes.
Consideraciones finales sobre la actitud enunciativa
La actitud enunciativa organiza la experiencia poética a partir de la observación del mundo. El hablante lírico se convierte en testigo y establece una relación de contemplación con aquello que decide mostrar. En este marco, la representación externa del entorno se transforma en materia expresiva y adquiere valor estético mediante la selección de imágenes, ritmos y escenas.
De esta manera, el poema invita a mirar con detenimiento y a descubrir cómo la realidad, al pasar por la mirada del hablante, se convierte en una forma de conocimiento y de belleza verbal. La actitud enunciativa, entendida así, aporta una herramienta precisa para leer y escribir poesía desde la claridad de la mirada.