De qué hablo cuando hablo de escribir apareció en Japón en septiembre de 2015 con el título Shokugyō to shite no shōsetsuka, publicado por Switch Publishing después de que varios de sus textos hubieran circulado en la revista MONKEY. La edición original incorporó además material preparado para el volumen y quedó formada por doce capítulos que recorren distintos momentos de la actividad literaria de Haruki Murakami. Tusquets publicó la versión española en 2017, traducida por Fernando Cordobés y Yoko Ogihara, dentro de una circulación internacional que presentó el libro como una reflexión personal sobre la profesión de novelista.
El carácter personal determina la manera en que Murakami desarrolla sus ideas porque casi siempre parte de una experiencia concreta antes de formular una observación más amplia. Los premios literarios aparecen vinculados con sus primeros años de carrera, mientras la originalidad se examina desde las dificultades que encontró al escribir su primera novela. Esa organización acerca el libro a una autobiografía profesional, aunque el centro permanece en las decisiones relacionadas con la escritura. La edición inglesa de 2022 reforzó esa lectura al reunir once ensayos bajo el título Novelist as a Vocation, con traducción de Philip Gabriel y Ted Goossen.
Cómo comenzó a escribir Murakami
Murakami sitúa el origen de su carrera en un partido de béisbol celebrado en 1978, cuando tuvo la impresión repentina de que podía escribir una novela. La escena adquiere sentido dentro del libro porque entonces dirigía un club de jazz y carecía de vínculos profesionales con el ámbito literario, de manera que aquella intuición tuvo que abrirse espacio dentro de una vida organizada alrededor de otro trabajo. Poco después comenzó Escucha la canción del viento y envió el manuscrito al premio para autores nuevos de la revista Gunzo, decisión que terminó convirtiendo una tentativa privada en el comienzo efectivo de su trayectoria.
La dificultad apareció cuando intentó encontrar una forma adecuada para ese primer libro, pues el japonés que utilizaba le resultaba demasiado rígido para la clase de narración que buscaba. Murakami recurrió entonces a un inglés deliberadamente limitado y escribió algunas páginas con los recursos que tenía disponibles, antes de trasladar ese ritmo nuevamente al japonés. La reducción del vocabulario alteró la construcción de las frases y le permitió reconocer una cadencia distinta. Años después explicaría ese episodio como el momento en que comenzó a formarse una voz que podía utilizar sin reproducir los modelos literarios que inicialmente lo condicionaban.
La originalidad como continuidad
Aquella solución inicial conduce hacia una de las preguntas centrales del volumen, porque Murakami entiende la originalidad a partir de la posibilidad de desarrollar una voz durante un período prolongado. Una diferencia visible en el primer libro todavía necesita demostrar que puede cambiar cuando aparecen nuevas exigencias narrativas, de modo que el reconocimiento inmediato posee menos peso que la evolución producida entre obras sucesivas. Su propia carrera funciona como referencia porque el estilo de los primeros títulos fue ampliándose mientras las novelas adquirían mayor extensión.
El capítulo dedicado a los premios literarios introduce otro aspecto de esa formación profesional. Murakami recuerda su relación con el premio Akutagawa, al que fue candidato sin obtenerlo, y utiliza esa experiencia para examinar la atención pública que puede rodear a un autor cuando todavía está definiendo su manera de escribir. Su interés se concentra en las consecuencias prácticas de esa exposición y en la posibilidad de continuar trabajando después de que la recepción externa empieza a intervenir sobre la carrera. De esa manera, el libro mantiene el asunto cerca de una experiencia verificable y evita utilizar los galardones como medida automática del valor de una obra.
Qué puede convertirse en ficción
La pregunta acerca de qué escribir desplaza el análisis hacia la observación cotidiana, ya que Murakami concede importancia a los detalles que permanecen disponibles después de una experiencia aparentemente menor. Una conversación escuchada o una conducta extraña pueden conservarse durante mucho tiempo antes de encontrar una función narrativa, porque su utilidad depende de las relaciones que aparezcan posteriormente durante la escritura. El novelista necesita, desde esta perspectiva, prestar atención a aquello que todavía carece de una finalidad definida.
Esta idea ayuda a comprender por qué el libro recurre tantas veces a episodios personales sin transformarlos inmediatamente en explicaciones de sus novelas. Murakami utiliza su experiencia cuando permite aclarar el origen de una elección concreta y deja fuera aquello que no contribuye a ese problema. El club de jazz, por ejemplo, aparece relacionado con su sensibilidad hacia el ritmo, mientras los años de lectura explican parte de una formación construida fuera de programas especializados. La observación acumulada proporciona así materiales disponibles, aunque la forma definitiva depende de una etapa posterior en la que esos elementos empiezan a relacionarse dentro de una historia.
Escribir una novela durante meses
Cuando esos materiales empiezan a relacionarse dentro de una historia, el problema cambia porque una novela extensa obliga a trabajar durante un período en el que el impulso inicial pierde intensidad. Murakami describe jornadas de cuatro o cinco horas y una cantidad diaria de páginas que procura respetar incluso cuando podría continuar, ya que la regularidad le permite regresar al manuscrito desde un punto reconocible. La actividad física entra en esa organización porque considera que las horas de concentración requieren una resistencia compatible con meses de trabajo, relación que ya había desarrollado desde otra perspectiva en De qué hablo cuando hablo de correr.
El primer manuscrito abre después una etapa diferente, dedicada a sucesivas reescrituras que modifican aquello que durante la composición parecía resuelto. Murakami deja pasar cierto tiempo entre una lectura y otra para recuperar distancia, y cada regreso permite advertir desequilibrios que permanecían ocultos mientras la historia todavía estaba creciendo. La sencillez asociada con su prosa adquiere así una explicación material: detrás de una frase que parece directa existe un trabajo prolongado de ajuste, cuyo objetivo consiste en eliminar aquello que interfiere con el ritmo general.
Los personajes dentro de una historia
La duración de ese trabajo también influye en la manera en que aparecen los personajes, pues Murakami reconoce que sus primeras novelas dependían de figuras cercanas a una sensibilidad semejante. Con los años comenzó a introducir personajes capaces de actuar desde experiencias más alejadas de la suya, cambio que amplió las posibilidades de cada historia y redujo la dependencia de una sola conciencia. La transformación ocurrió conforme sus novelas exigieron una estructura más amplia, por lo que el libro presenta esa evolución como respuesta a necesidades surgidas durante la propia escritura.
Esa mayor autonomía obliga al novelista a convivir con comportamientos que no siempre puede explicar de antemano. Murakami concede valor a las contradicciones personales porque permiten que una figura narrativa escape de una caracterización demasiado cerrada, de modo que observar a otras personas adquiere importancia incluso cuando ninguna de ellas pasa directamente a una novela. El escritor recoge gestos y formas de reaccionar que más tarde pueden combinarse con situaciones distintas. La relación con la experiencia vuelve entonces al punto planteado en la primera parte del libro, aunque ahora aparece incorporada al desarrollo interno de los personajes.
La escuela y la independencia individual
El capítulo dedicado a la escuela amplía el alcance del volumen porque Murakami abandona por momentos su experiencia como novelista y examina un sistema educativo que considera excesivamente orientado hacia la uniformidad. Sus observaciones parten de la enseñanza japonesa y cuestionan prácticas que, según su lectura, reducen el margen concedido a quienes se apartan de una respuesta prevista. La reseña publicada por La Nación en 2017 identificó esta sección como una de las más críticas del libro, precisamente porque extiende la discusión desde la educación hacia las formas de adaptación social que Murakami percibe a su alrededor.
Ese desplazamiento conserva una relación con los capítulos anteriores porque la independencia había aparecido primero como una condición de su propia carrera. Murakami trabajó durante años fuera de los circuitos que podían imponerle una manera determinada de comportarse como escritor, y esa experiencia influye en su defensa de espacios donde una persona pueda desarrollar criterios propios. El capítulo pierde parte de la precisión autobiográfica de otras secciones, aunque permite reconocer que su idea del oficio también depende de una determinada relación con las instituciones.
La recepción de un autor que explica su oficio
Cuando Novelist as a Vocation apareció en inglés en 2022, varias reseñas prestaron especial atención a la distancia entre la extrañeza de sus novelas y la disciplina con la que describe su vida cotidiana. Kathryn Hughes observó en The Guardian que los once ensayos permiten entrar en aspectos concretos de su método, mientras Sean O’Hagan destacó la regularidad de sus jornadas y el tiempo dedicado a revisar los manuscritos. Esa recepción confirma que el interés del volumen aumenta cuando una idea general permanece vinculada con una experiencia verificable.
La edición inglesa, traducida por Philip Gabriel y Ted Goossen, fue publicada por Knopf el 8 de noviembre de 2022 y reunió once ensayos en 224 páginas. La diferencia con la edición japonesa de 2015 recuerda que el libro ha circulado mediante selecciones editoriales distintas, circunstancia relevante para comparar sus versiones internacionales. Aun con esas variaciones, el núcleo permanece centrado en una pregunta concreta: cómo una práctica iniciada casi por accidente terminó convirtiéndose en una profesión organizada alrededor de decisiones repetidas durante décadas.