El acuerdo de Anthropic abre un nuevo frente sobre derechos de autor y libros usados para entrenar IA

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IA y derechos de autor

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La aprobación judicial del acuerdo de 1.500 millones de dólares entre Anthropic y miles de autores ha convertido el registro formal de los libros en un problema urgente para el sector editorial estadounidense. Tras el fallo definitivo de julio de 2026, numerosos escritores descubrieron que algunas de sus obras podían quedar fuera del reparto porque nunca fueron registradas correctamente ante la Oficina de Copyright. El caso coincide además con nuevas demandas contra Google y Meta por el uso de textos protegidos durante el desarrollo de modelos generativos.

El acuerdo de Anthropic deja fuera a algunos autores

El 20 de julio, una jueza federal de California aprobó definitivamente el acuerdo alcanzado en Bartz v. Anthropic, litigio relacionado con la utilización de libros para desarrollar los modelos de inteligencia artificial de la compañía. Según la Authors Guild, el fondo asciende a 1.500 millones de dólares y constituye uno de los acuerdos de derechos de autor más importantes alcanzados hasta ahora en Estados Unidos.

El conflicto comenzó después de que los autores Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson acusaran a Anthropic de utilizar copias no autorizadas de libros durante el desarrollo de sus sistemas. Una resolución judicial previa consideró legítimo, bajo determinadas circunstancias, utilizar obras protegidas para entrenar modelos, aunque estableció una diferencia relevante respecto de la obtención y almacenamiento de ejemplares procedentes de bibliotecas pirateadas.

La aprobación del acuerdo parecía cerrar una parte del conflicto, pero produjo inmediatamente otro problema. Para recibir determinadas compensaciones, las obras debían cumplir requisitos relacionados con su registro ante la Oficina de Copyright estadounidense. Algunos escritores descubrieron entonces que títulos publicados comercialmente durante años no habían sido registrados de la manera necesaria.

Una encuesta difundida el 20 de agosto por la Authors Guild documentó casos en los que editoriales aparentemente habían incumplido obligaciones contractuales relacionadas con ese trámite. La organización explicó que varios autores encontraron uno o más libros sin registrar, circunstancia que podía impedir su participación en el reparto derivado del acuerdo con Anthropic.

Los contratos editoriales empiezan a cambiar

El problema tiene consecuencias que superan el caso concreto. El registro de una obra no crea por sí mismo el derecho de autor en Estados Unidos, pero resulta decisivo para ejercer determinadas acciones judiciales y acceder a algunas compensaciones previstas por la legislación. La aparición de litigios multimillonarios vinculados con inteligencia artificial ha convertido por ello un procedimiento administrativo en una cuestión económica mucho más visible.

La Authors Guild reaccionó modificando en agosto su modelo de contrato editorial. La nueva redacción propone establecer expresamente la obligación del editor de registrar la obra dentro de los plazos previstos y concede al escritor la posibilidad de intervenir cuando ese trámite no haya sido realizado. La medida intenta evitar que una omisión administrativa vuelva a dejar a un autor sin acceso a determinados mecanismos legales.

La transformación contractual refleja un cambio más amplio dentro del negocio del libro. Durante décadas, estas cláusulas podían parecer secundarias frente a cuestiones como anticipos o derechos territoriales. Los litigios relacionados con inteligencia artificial han aumentado su importancia porque una inscripción defectuosa puede afectar directamente la capacidad de reclamar por usos posteriores de una obra.

Google y Meta afrontan nuevas demandas editoriales

El acuerdo con Anthropic tampoco ha reducido la presión judicial sobre otras empresas tecnológicas. El 10 de julio, Hachette Book Group, Cengage Learning y Elsevier presentaron junto con el escritor Scott Turow una demanda colectiva contra Google. La Association of American Publishers afirma que la acción acusa a la compañía de utilizar millones de textos protegidos para desarrollar los modelos Gemini sin obtener autorización de los titulares.

La misma asociación había anunciado en mayo otra demanda contra Meta y Mark Zuckerberg relacionada con el desarrollo de Llama. En ese procedimiento participan también Macmillan y McGraw Hill, además de varias de las editoriales presentes en la acción contra Google. Ambos litigios buscan representar a grupos más amplios de propietarios de derechos cuyas obras habrían formado parte de procesos de entrenamiento.

Estas acciones muestran que la disputa ya no gira únicamente alrededor de una empresa o de un conjunto específico de libros. Autores y grandes editoriales están intentando definir mediante los tribunales qué usos requieren autorización y qué compensaciones corresponden cuando una obra protegida entra en sistemas generativos.

El acuerdo de Anthropic introduce además una consecuencia inesperada dentro de esa batalla. Mientras las empresas tecnológicas discuten hasta dónde pueden utilizar textos protegidos, los escritores revisan ahora sus propios contratos y registros para comprobar si podrán ejercer plenamente sus derechos cuando aparezca una reclamación. La próxima etapa del conflicto dependerá tanto de las decisiones judiciales como de la documentación que acompañe a cada libro desde el momento de su publicación.

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