El elefante desaparece, de Haruki Murakami: reseña y análisis

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El elefante desaparece

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El elefante desaparece reunió en 1993 diecisiete relatos que Haruki Murakami había escrito entre 1980 y 1991, cuando su narrativa ya había desarrollado varios de los recursos que definirían su reconocimiento internacional. La primera edición del volumen apareció en Estados Unidos bajo el sello Alfred A. Knopf, con traducciones de Alfred Birnbaum y Jay Rubin, y organizó materiales previamente publicados en Japón junto con cuentos que ya habían circulado en revistas estadounidenses. Esa historia editorial importa porque el libro permite observar una década de escritura como un conjunto, donde situaciones domésticas perfectamente reconocibles comienzan a deformarse cuando aparece un acontecimiento que los personajes carecen de herramientas para explicar.

Esa alteración de la experiencia cotidiana conecta relatos muy diferentes sin convertir el volumen en una narración unitaria. Una pareja asalta un McDonald’s para responder a un hambre inexplicable, una mujer descubre que ha perdido la necesidad de dormir, unos extraños personajes instalan un televisor en la casa de un hombre y un elefante desaparece junto con su cuidador sin dejar una explicación material satisfactoria. Murakami mantiene estas anomalías dentro de escenarios poblados por trabajos rutinarios, matrimonios y hábitos domésticos, de manera que lo extraño adquiere fuerza precisamente porque surge en espacios donde los protagonistas esperaban encontrar continuidad.

Una colección construida entre Japón y Estados Unidos

La publicación de 1993 no correspondió a la traducción directa de un volumen japonés previamente existente con la misma composición, ya que el editor Gary Fisketjon seleccionó para Knopf relatos procedentes de distintos momentos de la producción de Murakami. Algunos habían aparecido antes en The New Yorker, entre ellos «La gente de la televisión», «El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes», «Sueño» y el cuento que proporcionó el título al libro, mientras «Nuevo ataque a la panadería» había circulado en Playboy. La colección japonesa equivalente se publicaría posteriormente, en 2005, circunstancia que convierte la edición inglesa en una intervención editorial importante dentro de la difusión internacional del escritor.

En español, Tusquets publicó El elefante desaparece en 2016 con traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés, más de dos décadas después de aquella edición estadounidense. La distancia temporal modifica el contexto de lectura porque, para entonces, títulos posteriores habían convertido a Murakami en un autor ampliamente conocido en el ámbito hispánico. El volumen permite regresar a relatos anteriores a esa consolidación y comprobar que varios motivos asociados después con sus novelas extensas ya estaban funcionando a pequeña escala.

Lo cotidiano como punto de entrada de la anomalía

Murakami suele conceder considerable espacio a las acciones ordinarias antes de introducir aquello que altera su lógica, porque necesita que el lector comprenda primero las reglas prácticas bajo las cuales viven sus personajes. En «El elefante desaparece», por ejemplo, el narrador lee metódicamente el periódico, trabaja en relaciones públicas para una empresa de electrodomésticos y conserva recortes relacionados con el animal, mientras la desaparición termina enfrentándolo con un hecho incompatible con los mecanismos racionales que organizan su vida. El relato había aparecido en The New Yorker en noviembre de 1991, traducido por Jay Rubin, y allí puede observarse cómo la narración dedica una atención minuciosa a las circunstancias administrativas que rodean al elefante antes de quebrar esa normalidad.

La misma lógica adopta formas distintas en «Nuevo ataque a la panadería», donde un matrimonio recién formado responde a una crisis nocturna de hambre mediante una conducta cuya extravagancia se desarrolla con absoluta seriedad, y en «Sueño», cuyo punto de partida es una mujer casada que deja de dormir y utiliza esas horas adicionales para recuperar actividades abandonadas. La anomalía modifica progresivamente la percepción que cada personaje tiene de una existencia hasta entonces organizada mediante hábitos reconocibles, por lo que el elemento fantástico afecta también la manera en que se interpretan el matrimonio, el trabajo o la identidad personal. Esa relación explica parte de la unidad del volumen: los cuentos cambian de argumento y de narrador, mientras conservan la sensación de que una modificación aparentemente localizada puede volver incierta toda la estructura de una vida.

La desaparición como problema narrativo

Las ausencias ocupan una posición especialmente fértil dentro del libro porque obligan a los personajes a actuar cuando la explicación disponible ha dejado de ser suficiente. El elefante y su cuidador desaparecen pese a las medidas destinadas a impedir una fuga, mientras el narrador conserva una última observación que vuelve el acontecimiento todavía menos comprensible: antes de perderlos de vista, creyó percibir que la diferencia de tamaño entre ambos estaba reduciéndose. Murakami evita resolver esa percepción mediante una explicación fantástica estable y concentra el relato en las consecuencias que produce sobre quien la presenció. La imposibilidad de clasificar lo ocurrido termina afectando su relación con otras personas y altera su capacidad para distinguir entre decisiones que antes parecían claramente diferentes.

Esa renuncia a cerrar el misterio modifica además el funcionamiento convencional del relato de enigma. La acumulación de datos sobre cadenas, horarios, autoridades municipales y búsquedas policiales crea inicialmente la expectativa de una reconstrucción, aunque cada comprobación termina haciendo menos plausible una fuga ordinaria. El relato puede entonces abandonar la investigación exterior y concentrarse en el desequilibrio que permanece dentro del observador, desplazamiento que aparece bajo otras formas en varios cuentos del volumen y que permite comprender por qué la incertidumbre importa más que la solución.

La voz narrativa y una realidad que pierde estabilidad

La incertidumbre de estos relatos depende en buena medida de narradores que describen acontecimientos improbables con una serenidad casi administrativa, porque Murakami evita modificar bruscamente la voz cuando la realidad comienza a apartarse de sus reglas habituales. En «El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes», publicado en The New Yorker en 1990, una llamada telefónica interrumpe una escena doméstica mientras el protagonista cocina espaguetis y busca después a un gato desaparecido. La acumulación gradual de situaciones inexplicables mantiene el mismo registro con el que previamente se describían la comida, la casa y las tareas cotidianas, de manera que el desconcierto surge de la convivencia entre ambos niveles.

Ese control de la voz también determina la relación del lector con los personajes, cuya percepción suele ofrecer menos certezas a medida que avanza el relato. El narrador de «El elefante desaparece» admite finalmente que quizá sea su propia mirada la que ha perdido el equilibrio, una posibilidad que desplaza la pregunta inicial acerca del destino del animal hacia la capacidad de interpretar aquello que ha ocurrido. Murakami conserva así la anomalía después del desenlace y permite que sus efectos permanezcan activos cuando el acontecimiento extraordinario ya ha terminado.

Del cuento a las novelas posteriores de Murakami

Varios relatos adquieren otra dimensión cuando se los sitúa dentro del desarrollo posterior de la obra de Murakami, especialmente porque algunas situaciones fueron retomadas y transformadas en proyectos narrativos más extensos. «El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes» contiene elementos que reaparecerían en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: un hombre sin empleo estable, la desaparición de un gato y una llamada femenina desconocida forman parte de una situación que la novela ampliaría hacia una estructura considerablemente más compleja. La versión publicada por The New Yorker en 1990 permite comprobar que ese núcleo existía varios años antes de la aparición de la novela.

La relación entre ambos textos muestra una característica importante del volumen, ya que el cuento funciona para Murakami como un espacio donde una situación puede alcanzar su propia forma y, al mismo tiempo, conservar posibilidades todavía abiertas. La brevedad intensifica precisamente esa condición porque una imagen inexplicable puede sostener el relato sin necesidad de convertirse en un sistema completo. En El elefante desaparece, semejante economía favorece finales donde la información disponible permanece incompleta y obliga a aceptar que algunas experiencias modifican a los personajes antes de que estos consigan comprenderlas.

La recepción crítica de El elefante desaparece

La recepción estadounidense de 1993 identificó rápidamente esa combinación entre normalidad urbana y alteración de la realidad. Publishers Weekly describió los diecisiete cuentos como situaciones donde los acontecimientos cotidianos adquieren tonalidades surrealistas y destacó la facilidad con la que objetos o personajes pueden entrar y salir de niveles distintos de realidad. Kirkus Reviews, en una reseña contemporánea, señaló de manera semejante la fragilidad del mundo ordinario representado por Murakami y relacionó relatos como «Sueño», «La gente de la televisión» y «Nuevo ataque a la panadería» mediante esa inestabilidad compartida.

David L. Ulin observó en Los Angeles Times otro aspecto que sería importante para la circulación internacional del escritor: los escenarios japoneses aparecen atravesados por referencias musicales, cinematográficas y comerciales procedentes de distintos lugares, circunstancia que facilitaba una lectura alejada de las expectativas más tradicionales sobre la literatura japonesa disponible entonces en Estados Unidos. Su reseña también reconocía el desequilibrio como uno de los principios comunes del volumen, aunque los relatos llegaran a él mediante situaciones muy diferentes. Esa recepción temprana ayuda a explicar por qué la colección ocupó un lugar significativo en la expansión de Murakami fuera de Japón.

El lugar del libro dentro de la obra de Murakami

El elefante desaparece permite observar en concentración procedimientos que después alcanzarían una escala mayor en las novelas del autor. Las desapariciones interrumpen relaciones aparentemente estables, las rutinas domésticas dejan aparecer zonas difíciles de explicar y los narradores continúan buscando una lógica cuando sus instrumentos habituales ya han dejado de servirles. La colección preserva estas situaciones en formatos relativamente breves, de modo que el misterio puede terminar antes de producir una explicación y conservar precisamente por ello su capacidad de alterar la experiencia cotidiana.

La publicación de 1993 también fijó ante el público anglófono una imagen de Murakami que ya estaba formándose mediante traducciones anteriores y relatos aparecidos en revistas. Una reseña de The Washington Post registró entonces tanto la presencia de influencias literarias estadounidenses como el desplazamiento de estos cuentos hacia formas más impersonales y alegóricas, al tiempo que señalaba diferencias apreciables de intensidad entre las piezas. Esa irregularidad resulta comprensible en un volumen construido con textos escritos durante más de una década, aunque la selección deja ver una preocupación persistente: qué ocurre cuando una persona continúa viviendo dentro del mismo mundo después de haber comprobado que ese mundo puede comportarse de una manera imposible de explicar.

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