*Dentro de la literatura, los inicios del erotismo se han caracterizado por estar intrínsecamente ligados a la fertilidad y al culto de los dioses. En Grecia y en la Roma Clásica destacan obras como Lisístrata de Aristófanes o la Poesía lírica de Safo de Lesbos, identificada como pionera en expresar pasión amorosa.
El erotismo fue adoptando formas diversas que describieron otras sutilezas como el placer y la anatomía humana, ejemplos históricos de esto son el Kamasutra en el siglo III y El jardín perfumado en el siglo XV.
En el siglo XIV, el género del erotismo marcó un hito en el Renacimiento al relatar historias donde el deseo carnal y el clero protagonizaban más que la moralidad estricta.
Pasando por el Marqués de Sade, Charles Baudelaire, hasta el siglo XX —donde las obras desafiaron la censura por su alto contenido sexual—, con autores como Henry Miller, Vladimir Nabokov y Marguerite Duras, lo prohibido fue ganándose un lugar reconocido como obra de arte.
TABÚES DEL GÉNERO
Es imposible no imaginar que un género que detalla el acto sexual o enaltece la anatomía de los cuerpos sea mal visto o quiera ser censurado. Los autores persistentemente han desafiado el control social, moral y religioso sobre el deseo de poseer, avanzando en contra de la sexualidad biológica que busca la reproducción, en cambio el erotismo se entiende como placer por placer.
El erotismo subvierte las normas tradicionales —gobierno y religión— que han buscado mantener el orden social. También se le ha vinculado con la oposición a la tradición judeocristiana asociándose históricamente al pecado y a la culpa por contraponerse a la pureza del espíritu.
SANTA INQUISICIÓN
Durante siglos, cualquier texto que retratara el placer carnal o que de forma explícita cuestionara a la religión, era inmediatamente prohibido, confiscado y finalmente quemado. «¿Cuántas historias nos habremos perdido?».
El erotismo, históricamente, ha sido mayormente rechazado cuando es escrito por mujeres, por considerarse en la categoría del escándalo. El deseo libre femenino de expresar placer en las letras ha sido juzgado por el doble rasero del género.
LA PARADOJA DEL JUICIO
Sin embargo y por increíble que parezca, que el erotismo sea mal visto ha sido también lo que le ha dado su fuerza literaria y artística. El género ha necesitado de su propio juicio como «tabú» para poder existir. Autores como el Marqués de Sade o Georges Bataille han confirmado que el placer erótico proviene en muchas ocasiones de traspasar una línea moral y social proscrita.
EL EROTISMO COMO EXPRESIÓN
Pero también existimos los apasionados del erotismo que pensamos que el género es un instinto pasional que se transmuta en estética y vivencias expresadas a través de hermosas metáforas.
Es común encontrar lectores que describan al erotismo como pornografía escrita que solo provoca respuestas fisiológicas, sin embargo, opino que este arte utiliza la sugerencia y la metáfora para sacudir la mente y las emociones.
Octavio Paz en La llama doble explica que el sexo es una fusión biológica de reproducción, mientras que el erotismo es una creación humana basada en la imaginación.
Para cerrar mi opinión respecto al verdadero erotismo, es importante hablar de las metáforas. Y es que encontramos en el género —un arte ampliamente explorado, aunque difícil de aplicar— a la metáfora como una herramienta donde no se necesita mostrar todo, para nada; en cambio se utiliza el lenguaje, los contrastes de luz y sombra y el ritmo para sugerir e invitar a explorar el cuerpo humano sobre un lienzo poético o conceptual.
MÁS ALLÁ DE LA BIOLOGÍA
En conclusión, si separamos el erotismo del arte estaremos ignorando que la pasión es el motor del pensamiento. Tampoco podemos reducirlo a un tabú o a la moral de cada época porque sería tan inútil como querer contar los granos de la arena. Al final, los libros que fueron prohibidos en la antigüedad hoy son clásicos de la literatura contemporánea.
El erotismo seguirá incomodando porque se presenta sin filtros y también porque no hay una costumbre correcta hacia la lectura, sobre todo, porque una gran parte de la humanidad no ha aprendido a escuchar sus pulsiones con inteligencia y sin vergüenza.