El Wendigo, de Algernon Blackwood: un clásico del terror y la ficción extraña

Tiempo de lectura: 7 minutos
El Wendigo

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El Wendigo —o The Wendigo, su nombre original en inglés— es un oscuro relato escrito por el periodista y autor británico Algernon Blackwood. Fue publicado por primera vez en la antología El valle perdido y otras historias —The Lost Valley and Other Stories— en 1910. Desde entonces, se convirtió en uno de los más grandes referentes del Terror, el Folk horror y, por supuesto, la Weird fiction exaltada por genios del género como H. P. Lovecraft.

En un ensayo publicado en 1915, Grace Isabel Colbron comentó, entre otros pormenores, que «cuentos como El Wendigo pueden considerarse los más destacados entre las historias de lo sobrenatural». Por su parte, el mismo Lovecraft admitió que se trataba de una historia «increíblemente potente».

Por afirmaciones como las anteriores, no es de extrañar que la obra de Blackwood haya trascendido las fronteras del tiempo, posicionándose entre los clásicos más leídos, homenajeados, analizados y respetados del terror universal. Una prueba de ello es que, con el tiempo, El Wendigo pasaría a formar parte de los Mitos de Cthulhu a través de la obra de August Derleth.

Sinopsis de El Wendigo, de Algernon Blackwood

El relato trata sobre cuatro cazadores que se separan en parejas con el fin de cubrir más terreno del bosque. Días después, uno de ellos se extravía a causa de una visión sobrenatural. Cuando su compañero intenta encontrarlo, se topa con señales escalofriantes de lo que le pudo haber ocurrido. Al final, la compañía descubre que el pobre hombre fue víctima de El Wendigo, una entidad sobrenatural vinculada a diversas tradiciones de los pueblos algonquinos.

Resumen de El Wendigo

La historia sigue a un grupo de cuatro cazadores que se asientan en la región de espesos bosques que se extiende al norte de Rat Portage, en el noroeste de Ontario, con la intención de matar algunos alces. El relato presenta a dos escoceses: el estudiante de teología Simpson y su tío, el doctor Cathcart —autor de un libro de psicología sobre alucinaciones colectivas—; así como a los guías Hank Davis y el naturalista francés Joseph Défago, siendo estos últimos hombres duros acostumbrados a los espacios salvajes.

Mientras su cocinero indígena, Punk, se queda para salvaguardar el campamento principal, los cuatro cazadores se dividen en dos grupos: el doctor Cathcart parte con Hank, mientras que Défago guía a Simpson en una canoa río abajo para explorar el vasto territorio más lejano. Durante el viaje, el guía le comenta al aspirante a cura que, si algo le ocurre, él deberá tomar la canoa y seguir el sol para llegar al punto de inicio.

El llamado de lo salvaje

Défago y Simpson llegan a su destino y arman su campamento. Sin embargo, muy pronto queda claro que el guía percibe —o cree percibir— un olor extraño en el viento. Esa misma noche, Simpson despierta y encuentra a Défago encogido de terror por algo que está fuera de la tienda. Más tarde, el guía pierde la razón y corre hacia las profundidades del bosque, lo que obliga al teólogo a seguirlo unas horas después.

El joven sigue las huellas de Défago en la nieve durante mucho tiempo, pero tras una larga marcha, se da cuenta de que este no es el único conjunto de pisadas. Para su horror, también nota que el otro par de pies, mucho más grande… no es humano. A medida que avanza, Simpson observa que, gradualmente, las huellas de Défago se parecen cada vez más a aquellas que las acompañan.

Al final, ambos pares de huellas se desvanecen, mientras Simpson cree escuchar la voz distante de Défago gritar algo en alguna parte del cielo. Tras la terrible experiencia, Simpson deja el campamento secundario y vuelve a la base con los otros cazadores para pedir ayuda. Así, el doctor Cathcart y Hank regresan para buscar a Défago. No obstante, cuando acampan, escuchan —o creen escuchar— una horrible parodia de Défago, que desaparece en la noche tan rápido como llegó.

La conversión de Défago

Confundidos y sumamente perturbados por su experiencia en el bosque, la compañía decide regresar al campamento base. Allí descubre que Défago —el verdadero— ha vuelto. El pobre hombre sufre delirios e hipotermia. A lo largo de las dos semanas posteriores, no hace más que comer musgo y relatar, en un completo sinsentido, su historia con El Wendigo. El guía muere poco después, dejando al grupo en un estado de incertidumbre por lo ocurrido.

Solo Punk pudo haberles explicado qué fue lo que realmente pasó, pero este huye tan pronto capta el olor que despide el cuerpo de Défago. El relato deja claro que, como parte de los nativos, Punk se dio cuenta de que, en efecto, el pobre Défago tuvo un encuentro fatal con El Wendigo, a quien teme más que a cualquier otra criatura del bosque.

Análisis de El Wendigo, de Algernon Blackwood

Del mismo modo que ocurre en el cosmos indiferente de H.P. Lovecraft, el bosque de Blackwood muestra fuerzas más allá de la comprensión humana. Así, la construcción de estas fuerzas nos obliga a confrontar y reconocer nuestra propia insignificancia. Al mismo tiempo, la naturaleza planteada por el autor inglés no tiene en cuenta al hombre y sus necesidades, sin embargo, de algún modo lo tienta y ejerce una atracción sobrecogedora sobre él.

Cuando se ve expuesto a estas fuerzas primigenias y elementales encarnadas en la figura del Wendigo, el hombre solo tiene dos opciones: ceder a la locura o recurrir desesperadamente a la razón. Quizá por esto el doctor Cathcart intenta racionalizar la situación cada vez que el tema se menciona a posteriori, en lugar de admitir, como dicta la realidad de la obra, que El Wendigo existe.

Estilo narrativo de El Wendigo

Otro elemento que hace funcionar el relato es, en definitiva, su estilo narrativo. Las descripciones de Blackwood de los bosques canadienses son sobrias, pero, al mismo tiempo, ricas en matices, sensuales en su íntimo asombro. A través de su pluma, el autor logra transmitir con total unidad de efecto la hostilidad inherente de la naturaleza hacia el ser humano, lo cual es una gran hazaña, sobre todo porque —es de presumir— el lector se encuentra en la salvedad de su hogar mientras lee.

También es posible afirmar que Algernon Blackwood acentúa el contraste a causa de lo que decide omitir. Por ejemplo, lo que provoca que Défago abandone la tienda y el campamento, así como la forma de las huellas. No obstante, lo que sí muestra es igualmente efectivo, como la voz del Wendigo, que es «suave», pero tiene un carácter ensordecedor, a la vez que es «dulcemente quejumbrosa». Algo así es muy difícil de imaginar, pero esto es intencional.

Las descripciones que hace Blackwood, tanto del entorno como de la criatura, satisfacen porque bailan en un constante equilibrio entre lo que se revela y lo que se mantiene en las sombras. En el relato existe mucho «espacio» para que el lector respire, imagine, haga conjeturas…, todo, con el fin de encumbrar el alcance de la historia y su efecto posterior.

El Wendigo desde la mirada moderna

Una lectura actual puede dotar a El Wendigo de un fondo de carácter racista, propio de su época. Esto se nota, en particular, en la caracterización de los personajes. No obstante, la representación racial de Blackwood opera de manera diferente a la de Lovecraft, pues en El Wendigo el problema se manifiesta principalmente mediante estereotipos y caracterizaciones profundamente marcadas por la mirada colonial. Aun así, la obra funciona a pesar de ese defecto de fondo, un hecho que tiene que ver con la brillantez propia de su autor.

Además, Blackwood era tan buen escritor, tan meticuloso en la articulación del escenario y la atmósfera, que ni siquiera un error como la falta de profundidad en sus personajes puede mitigar u opacar el impacto general que transmite la lectura de El Wendigo. Eso es perturbador. ¿Cómo es posible entonces que la obra de Algernon Blackwood funcione tan bien, siendo que algunas de sus piezas fundamentales son tan fáciles de desarmar?

El secreto en la genialidad de El Wendigo

Quizá, el «secreto» para que El Wendigo siga siendo leído como una pequeña obra de arte, y no como un manifiesto sobre la supremacía inglesa, tiene que ver con su tesis: la naturaleza es peligrosa e indiferente, y aunque el hombre lo sepa, no posee herramientas para luchar contra ella. También se puede aludir a la capacidad que tuvo su autor para elegir qué partes de la historia contar y cuáles dejar a la imaginación del lector. El olfato de Blackwood para «mostrar» solo lo suficiente del horror como para que la mente del lector haga lo propio y exalte el relato, está relacionado con un sentido especial para entender el mecanismo del miedo.

De este modo, la vena intrínseca para lo macabro que el inglés manejaba con una destreza con la que pocos han llegado a contar, su forma y su capacidad para imprimir el miedo como la emoción primordial que es, suele ser suficiente para pasar por alto la manera en que describe a los personajes escoceses y al «indio» Punk.

El Wendigo y la naturaleza como territorio hostil

La imagen de la naturaleza como una entidad afectuosa, casi maternal, es absurda; El Wendigo lo pone de manifiesto. Son muchas las evidencias de que la naturaleza es indiferente al ser humano. Si una persona se pierde en lo profundo del bosque, por ejemplo, nada en él intentará ayudarla. y no por una maldad congénita, sino por su propia esencia. En este sentido, el espacio salvaje no necesita odiarnos para destruirnos.

Como sociedad moderna, tecnológica e innegablemente líquida, no necesitamos trasladarnos a los bosques canadienses o europeos para sentir la presencia hostil de la naturaleza: un parque, una plaza, un jardín o una planta en una maceta son todos indiferentes a la vida humana. Sin embargo, nos parecen hermosos porque los plantamos, los cuidamos y sacamos provecho de ellos.

Aun así, cuando la «hierba mala» aparece, la podamos antes de que cubra nuestra creación, porque, tal vez, esa sea nuestra forma de mantener el control imaginario que creemos tener sobre un entorno supuestamente racional. Sin embargo, en el fondo, casi todos comprendemos que en un escenario salvaje no poseemos ningún poder real, y eso, por sí mismo, es aterrador.

Conclusión

El Wendigo es uno de los relatos de terror más brillantes de Algernon Blackwood. H. P. Lovecraft, quien declaró en muchas ocasiones que Blackwood era uno de sus maestros por ser el rey de la «atmósfera extraña», un genio en registrar «los matices de extrañeza en las cosas y experiencias ordinarias», en edificar «detalle por detalle las sensaciones y percepciones completas que conducen de la realidad a la visión sobrenatural», solía recomendarlo con mucha frecuencia.

Es precisamente este dominio de la configuración y la psicología de Blackwood lo que eleva a El Wendigo a la cima del género, casi tanto como el propio Wendigo eleva a sus victima por encima del cielo, haciéndolos gritar «¡Mis pies de fuego! ¡Mis ardientes pies de fuego! ¡Esta altura y velocidad ardientes!».

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