Hachette Book Group, Cengage Learning y Elsevier han demandado a Google por el supuesto uso no autorizado de millones de obras protegidas durante el desarrollo de Gemini. A ellos se han unido el novelista Scott Turow y la organización S.C.R.I.B.E. en una acción colectiva presentada ante un tribunal federal de Nueva York. Los demandantes afirman que Google utilizó libros obtenidos de distintas fuentes para entrenar sus modelos y reclaman compensaciones económicas, además de medidas que impidan continuar empleando esas copias.
Los editores acusan a Google de copiar millones de libros
La demanda fue presentada el 10 de julio de 2026 ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. El expediente identifica como demandantes a Hachette Book Group, Cengage Learning, Elsevier, Scott Turow y S.C.R.I.B.E., mientras Google figura como único demandado. El litigio reclama un juicio con jurado y plantea infracciones relacionadas con la legislación estadounidense sobre derechos de autor.
Según el comunicado difundido por Hachette, los demandantes consideran que Google realizó copias de millones de textos durante la creación de sus modelos Gemini sin solicitar autorización ni compensar previamente a quienes poseían los correspondientes derechos. La acción comprende obras de ficción junto con publicaciones académicas, además de numerosos materiales educativos.
La acusación adquiere especial importancia porque Google mantiene desde hace años acuerdos con editoriales vinculados con servicios como Google Books y Google Play Books. Los demandantes argumentan que esos acuerdos permitían determinados usos vinculados con la búsqueda o distribución digital, pero no autorizaban convertir los textos en material destinado al entrenamiento de modelos generativos.
La demanda también acusa a Google de haber obtenido parte del material mediante fuentes pirateadas y de modificar información asociada con los derechos de determinadas obras. Estas afirmaciones forman parte de las alegaciones de los demandantes y todavía deberán ser examinadas judicialmente.
Gemini coloca los derechos de autor en el centro del conflicto
Uno de los aspectos más llamativos del procedimiento aparece en la documentación citada por los demandantes. Según la acusación, discusiones internas de Google habrían reconocido que el uso de determinados libros planteaba riesgos jurídicos considerables y podía generar responsabilidades económicas de enorme magnitud.
Los editores argumentan además que Gemini puede generar contenidos capaces de competir con las obras utilizadas durante su desarrollo. La demanda menciona resúmenes, versiones alternativas de novelas y materiales derivados de libros académicos como ejemplos del tipo de producción que consideran perjudicial para sus mercados.
Ese argumento amplía la cuestión jurídica. El debate ya no se limita a determinar si copiar una obra durante el entrenamiento constituye una utilización permitida por la legislación estadounidense. También obliga a examinar si los productos generados posteriormente pueden sustituir comercialmente contenidos cuya creación requirió inversiones editoriales y derechos previamente adquiridos.
Google se enfrenta así a una discusión que afecta a buena parte de la industria tecnológica. Autores y titulares de derechos han presentado procedimientos similares contra diferentes compañías desarrolladoras de inteligencia artificial, mientras los tribunales estadounidenses comienzan a establecer criterios sobre el alcance del denominado fair use aplicado al entrenamiento de modelos.
La industria editorial busca establecer límites para la inteligencia artificial
La participación directa de Hachette, Cengage y Elsevier concede al litigio una dimensión distinta de las demandas presentadas anteriormente por escritores individuales. Las tres compañías administran catálogos que abarcan desde literatura comercial hasta publicaciones educativas y científicas, por lo que una resolución relevante podría afectar numerosos modelos de explotación editorial.
Hachette y Cengage habían intentado incorporarse previamente a otro procedimiento relacionado con la inteligencia artificial generativa de Google. Finalmente optaron por presentar una nueva demanda para preservar reclamaciones que podrían quedar fuera del proceso anterior debido a cuestiones relacionadas con los plazos legales.
El conflicto aparece además mientras Google explora fórmulas comerciales basadas en acuerdos con titulares de derechos. A finales de agosto, la compañía amplió las funciones de Gemini Notebook para permitir la interacción con más de 100.000 libros adquiridos mediante Google Play Books, dentro de un programa desarrollado con participación editorial.
Esa coexistencia entre acuerdos autorizados y litigios por usos anteriores muestra el problema que deberá resolver la industria. Las editoriales aceptan que sus catálogos participen en productos basados en inteligencia artificial cuando existen condiciones negociadas, pero reclaman capacidad para decidir cómo se utilizan sus obras. El proceso contra Google puede convertirse por esa razón en uno de los casos decisivos para definir cuánto control conservarán autores y editores sobre los libros empleados para desarrollar futuros modelos generativos.