José Antonio Jurado Hipólito es un poeta asturiano nacido en 1974, durante los últimos años de la dictadura franquista, en una familia obrera vinculada a la minería asturiana. Su padre, minero y sindicalista, sufrió la represión franquista, mientras su madre participó en el activismo feminista y social.
Esa experiencia familiar unida a los años de trabajo lejos de Asturias y al difícil regreso a su tierra son el génesis de Entre Castilletes y Ablaña, su ópera prima. El libro se presenta como un reflejo de su vida y como el espacio donde el autor da salida a aquellas vivencias que durante años no encontró otra forma de expresar.
José Antonio Jurado Hipólito: de la cuenca minera a Entre Castilletes y Ablaña
Para comprender el origen de Entre Castilletes y Ablaña es necesario recorrer la vida de José Antonio Jurado Hipólito. Los siguientes apartados se acercan a ese trayecto y a las circunstancias que impulsaron su ópera prima, concebida como un desahogo personal y como un canto obrero a la tierra en la que nació.
Una infancia entre la mina y los libros
El padre de José Antonio Jurado Hipólito era minero, como también lo había sido su abuelo. Su participación en la lucha sindical y obrera provocó que fuera represaliado durante el franquismo. Fue detenido en numerosas ocasiones y sufrió palizas durante sus encierros en el calabozo.
Su madre, feminista y activista social, vivía con angustia tanto aquellas detenciones como los descensos de su marido a la mina. Las condiciones de trabajo en las explotaciones de carbón hacían que las familias supieran cuándo entraban los mineros, pero no tuvieran la certeza de si regresarían con vida.
En ese ambiente creció José Antonio. Sus padres le transmitieron el interés por la lectura y, cuando las necesidades económicas lo obligaron a trabajar desde muy joven, continuaron formándolo en casa a través de los libros. Esa educación acompañó una experiencia temprana del trabajo y contribuyó a definir su manera de observar cuanto ocurría a su alrededor.
Los años fuera y el regreso a Asturias
Con el paso de los años, la crisis económica lo llevó a buscar trabajo lejos de Asturias. El poeta recorrió distintos lugares de España y Europa, donde trabajó en la hostelería, la construcción y en cualquier oficio que le permitiera mantenerse. Durante ese periodo conoció la soledad y sufrió episodios de racismo. Aunque siempre consiguió salir adelante, los empleos que encontraba no le proporcionaron estabilidad, por lo que cada traslado suponía empezar de nuevo.
Cuando regresó a Asturias, encontró un lugar distinto del que había dejado. Había madurado lejos y le resultaba difícil relacionarse con una gente que seguía sintiendo como propia, pero con la que ya no sabía desenvolverse del mismo modo. Volvió además con deudas y muy cansado. La experiencia laboral acumulada le permitió retomar el trabajo, aunque el choque provocado por aquel regreso continuó acompañándolo años después.
La huelga minera de 2012
En 2011 murió su padre. Al año siguiente, cuando el Gobierno planteó el cierre de los pozos mineros, José Antonio Jurado Hipólito decidió implicarse en las movilizaciones como una forma de rendirle homenaje. Durante la huelga creó una organización independiente de sindicatos y partidos políticos, destinada a prestar ayuda social y logística a las familias mineras. Su labor atendía las necesidades que surgían mientras se prolongaba el conflicto.
En ese contexto conoció a quien tiempo después sería su esposa, integrante de Mujeres del Carbón en Lucha. La organización participaba en el apoyo a las familias y en las movilizaciones de las cuencas mineras. Cuando la protesta llegó a su fin, Jurado Hipólito quedó profundamente decepcionado con los sindicatos y los partidos políticos. De aquellos difíciles meses quedó también el vínculo con quien había conocido durante la huelga, una relación que perdura hasta hoy.
Entre Castilletes y Ablaña: un canto obrero a Asturias

De la trayectoria ya mencionada nace Entre Castilletes y Ablaña, la ópera prima de José Antonio Jurado Hipólito. El poemario recoge cuanto ha vivido y convierte la escritura en un desahogo, con el carácter íntimo de un confesionario. El libro es también un grito nacido del cansancio y de la inconformidad del poeta. En sus páginas, Jurado Hipólito expresa la rabia acumulada durante años de esfuerzo y reivindica un salario digno que permita vivir, para él y para quienes comparten su condición obrera, sin que cada jornada se convierta en una lucha por sobrevivir.
Asturias, asimismo, ocupa un lugar central en la obra. El autor ensalza la tierra en la que creció y a la que regresó después de pasar largos periodos fuera. También trae al presente un pasado que ya no vuelve: el de la Asturias de su infancia, la de sus padres entregados al trabajo y a la defensa de sus convicciones.
El poemario se convierte así en un canto a sus raíces y a una tierra que hoy apenas reconoce. En esa mirada aparecen la fortaleza de su padre y el vínculo con sus hermanos, junto con la huella de una familia que le enseñó a leer el mundo desde la conciencia obrera.
De igual manera, su propia experiencia sostiene la defensa de la igualdad y del derecho a disfrutar de la vida después de una jornada justa. El trabajo aparece como medio de subsistencia, pero también como una realidad que desgasta cuando ocupa casi todo el tiempo y apenas deja espacio para vivir.
La voz de un obrero: la poesía del quehacer en la mina
Entre Castilletes y Ablaña se presenta, en definitiva, como la voz de un hombre que lleva más de treinta y cinco años trabajando y que todavía se levanta de madrugada para salir a la carretera a ganarse la vida, mientras se desgasta en el proceso.
Desde su casa de puerta roja, cerca del lugar donde se crio, José Antonio Jurado Hipólito escribe acompañado por su mujer, Audrey y Gato. Escribe sobre la vida que conoce y sobre la tierra a la que continúa perteneciendo, incluso cuando esa tierra ya se parece poco a la que conserva dentro de sí.