Los poemas para mamá son una forma sencilla y profunda de agradecer todo lo que representa. La madre es el primer vínculo, la voz que acompaña, la presencia que sostiene. En ella se concentra la ternura y la fuerza que hacen posible la vida familiar y el equilibrio social. Su entrega cotidiana, muchas veces silenciosa, deja una huella que ninguna palabra alcanza a medir.
Un poema para mamá puede ser el mejor detalle para recordarle cuánto la amamos. En ocasiones, los gestos más breves —una frase escrita, un verso elegido con cariño— bastan para iluminar su día. Dedicarle un poema a la madre es una manera de devolver con belleza algo de todo lo que nos ha dado: tiempo, afecto y esperanza. En adelante, un conjunto de versos en rima del poemario El jardín de los versos felices dedicados a ese ser tan especial.
A una madre trabajadora
(Por Juan Ortiz, redondillas)
Duele no verte, me pasa,
mas no te juzgo, yo entiendo,
y ahora más, que estoy creciendo
y no falta el pan en casa.
Haces tanto por mi bien,
lunes, jueves, sin distingo,
madre, incluso el domingo
vas y trabajas también.
Limpias hogares ajenos,
cortas jardines, decoras,
cocinas a todas horas,
dando lo mejor, no menos.
Es tu esfuerzo, gran mujer,
el que sostiene este techo,
gracias doy por lo que has hecho,
por tu entrega, por tu ser.
A una madre ama de casa
(Por Juan Ortiz, redondillas)
Cada cosa está en su espacio,
muebles, platos, vasos, ollas,
aceites, papas, cebollas,
y el gato de pelo lacio.
Día y noche te dedicas,
en la sala, el baño, el porche,
sin que un vino se descorche
por lo que tú significas.
No te quejas, no, por nada,
no escatimas en tu esfuerzo,
cada cena, cada almuerzo
es puro arte, madre amada.
Dios bendiga cada parte
de tu ser, y te proteja,
que sana llegues a vieja,
eres, mamá, mi estandarte.
Mi madre, mi heroína
(Por Juan Ortiz, redondillas)
Si me atacan, tú apareces,
vienes, llegas de la nada,
como una luz, como un hada
y la maldad desvaneces.
Madre, me libras sin miedo,
de lo que quiere dañarme,
y no, no voy a cansarme
de agradecer por ti al cielo.
Eres toda una heroína,
una guerrera valiente,
mi luna bella, creciente,
gema muy brillante y fina.
A una madre en su día
(Por Juan Ortiz , redondilla, cuarteta y corrío)
Me pidieron que escribiera
algo bello hoy en tu día,
y entonces hice una poesía
para honrar tu vida entera:
No faltó agua en los vasos
ni en los platos la comida,
cuidaste de nuestros pasos,
siempre atenta y decidida.
Guerrera de mil batallas,
¡y cuánta hambre pasaste!,
¡y cuánto llanto te callas!,
yo te vi, madre, lograste
tu meta con sufrimiento,
lloré también, no te miento,
pero aquí está el resultado
de tanto bien entregado,
ahora yo he de hacer por ti
lo que tú hiciste por mí,
y lo haré con alegría,
y es que ríe el alma mía
por poderte regresar
algo de tu don de amar
desde que era yo un pequeño,
así cumplo mi gran sueño:
mi amor retorna a su mar.
Madre, tú no tienes precio
(Por Juan Ortiz, décima)
Madre, tú no tienes precio,
tenerte viva es puro oro,
no hay rubíes, no hay tesoro
que tengan tu brillo recio.
Yo te miro bien y aprecio
la obra gigante de Dios;
que no se dibuje un adiós
en nuestro camino jamás,
eso es lo que deseo más:
la eternidad para vos.
Pan con leche para mamá
(Por Juan Ortiz, redondillas)
He aprendido a cocinar
pan con leche, madrecita,
es fácil, se necesita
muy poco pa preparar.
De pan, una rebanada
y la pongo sobre el plato,
luego de eso alejo al gato
pa que no se coma nada.
Después busco, sí, la caja
de la leche en la nevera,
justo al lado de la pera,
en la parte que es más baja.
Voy despacio, porque pesa,
sobre el pan echo un poquito
de leche, después me quito
y te llamo así a la mesa.
Un pintor mago
(Por Juan Ortiz, redondillas)
Quiero ser un pintor mago
para ti, mi madrecita
y pintar una estrellita
que te cuente lo que hago.
Dibujar también un día
de descanso para ti,
trabajas tanto por mí
que quiero darte esa alegría.
Pintaré mucho dinero
para así tenerte en casa,
ya no amasarás más masa
y estarás donde yo quiero.
Madrecita, corazón,
pintor mago quiero ser
para hacerte florecer
un jardín en el balcón.
Mi primer día de escuela
(Por Juan Ortiz, redondillas)
En mi primer día de escuela
entendí cuánto te amaba,
madrecita, te extrañaba,
me dolías como una muela.
La maestra trató y trató
de calmar mi enorme llanto,
dirás «No era para tanto»,
pero sí que me afectó.
Día a día fui entendiendo
que vendrías por mí en la tarde,
aunque igual el pecho me arde
cuando yo no te estoy viendo.
Creo que esto de extrañarte
nunca se me va a quitar,
es muy grande, como el mar,
y es causado por amarte.
Un poema a ti, mamá
(Por Juan Ortiz, redondillas)
Quiero escribirte, mamá,
con abrazos, con colores,
con besitos, con olores
que te amo de verdad.
Un poema que sea grande,
como lo es tu corazón,
y que sirva de canción
pa cantarte donde yo ande.
Un poema a ti, mamá,
que aleje lo que te asusta,
con el dulce que te gusta
y amor como el que me das.
Un poema pa diciembre,
para toda la semana,
y que te mantenga sana
y así estar juntos por siempre.
Quiero soñar con mamá
(Por Juan Ortiz, redondillas)
Quiero soñar con mamá,
y así aprovechar el tiempo
que pierdo cuando me duermo
y no la puedo abrazar.
Soñar como si despierto
caminara en el jardín
y divertirnos sin fin
bajo un lindo cielo abierto.
Que haya allí elefantes
con botas y con bigotes,
también monos en sus botes
con corbatas y con guantes.
Te quiero soñar, mamá,
en un mundo de fantasía,
donde siempre sea de día,
y cantar, bailar, amar.