Ricardo Guadalupe es un escritor madrileño nacido en 1974. Autor de libros sobre recursos literarios, aforismos y narrativa breve, ha desarrollado una trayectoria ligada también a la radio y a la enseñanza de la escritura. Ese recorrido desembocó en La regeneración de Dios, una novela de ciencia ficción en la que combina una historia de aventuras con sus reflexiones sobre el universo y la evolución personal.
Su relación con la literatura comenzó durante la infancia, que transcurrió en la Gran Vía de Madrid, donde vivía con su madre. Era hijo único y apenas tenía más familia, por lo que su carácter introvertido favoreció su tendencia a imaginar otras realidades. Aunque no llegó a conocer a su abuelo materno, Benjamín Ramos García, encontró en él un referente familiar: había publicado libros de poesía y dejó una extensa biblioteca, entre cuyos volúmenes creció el futuro escritor. Su primera incursión en la narrativa llegaría más tarde, cuando unos amigos propusieron escribir historias de terror para leerlas en una cripta abandonada.
El origen del seudónimo Ricardo Guadalupe

Ricardo Guadalupe es el nombre literario de Ricardo Castillo. Eligió el apellido Guadalupe como homenaje a su abuela, hija de un hombre mexicano, y también como una forma de separar su vida cotidiana de esa otra vida paralela ligada a la escritura.
La elección estuvo inspirada en Louis-Ferdinand Céline, su autor favorito. Céline tampoco utilizó su apellido real, Destouches, sino que adoptó como nombre literario el de su abuela. Ricardo Guadalupe siguió ese mismo gesto al construir su propia identidad como escritor.
Su apellido real, Castillo, es el que llevan sus dos hijos, de tres y seis años. En la actualidad, compagina la literatura con la crianza, entre la cueva donde escribe y los parques infantiles.
Trayectoria anterior a la novela
Ricardo Guadalupe publicó tres obras con la editorial Octaedro durante el proceso que lo condujo a La regeneración de Dios. Cada título explora una forma distinta de escritura y refleja una etapa de aprendizaje vinculada a su proyecto narrativo principal.
Palabras literarias
Su primera publicación, Palabras literarias, está dedicada a los recursos estilísticos. El origen del proyecto se encuentra en El planeta de los libros, un programa de Radio Círculo que organizó un concurso de microrrelatos. Tras ganar la convocatoria, Nieves, directora del espacio, le propuso una colaboración semanal centrada en procedimientos literarios.
De aquellas intervenciones surgió una obra en la que explica figuras como el palíndromo, el oxímoron o la paradoja mediante ejemplos tomados de la literatura y de situaciones cotidianas. Entre ellos aparece «Salta Lenin el atlas», utilizado para ilustrar el funcionamiento del palíndromo.
Frases en el muro
Más tarde publicó Frases en el muro, una colección de aforismos nacida durante la preparación de la novela. Ricardo Guadalupe llevaba tiempo reuniendo frases destinadas a los personajes, a la descripción de objetos o a la formulación de distintas ideas.
Cuando el material creció, decidió ordenarlo por conceptos y presentarlo como un diccionario. De ahí procede el subtítulo Un diccionario de intuiciones. Entre sus entradas figuran definiciones como «Semen: sexo recién exprimido» y «Beso: el ángulo cambiante que forman tu boca y la mía».
Relatos con abrelatas
Con Relatos con abrelatas se adentró de manera más directa en la narrativa. El volumen reúne relatos cortos y microrrelatos escritos, en buena medida, durante su paso por talleres de escritura creativa en Madrid, como los de la Escuela de Escritores, Fuentetaja y la Escuela de Letras.
Debido al carácter pedagógico de Octaedro, el autor añadió después de cada texto una explicación sobre su origen y el proceso seguido para escribirlo. Esa apertura del relato hacia su propio mecanismo creativo da sentido al título de la publicación.
Estas obras formaron parte de un largo periodo de preparación. A través de ellas, Ricardo Guadalupe trabajó distintas posibilidades del lenguaje y avanzó hacia la novela que había orientado su recorrido literario desde el principio.
Otros hitos en la trayectoria literaria de Ricardo Guadalupe
El camino hacia la novela estuvo acompañado por experiencias que ampliaron su relación con la escritura. Como recuerda el poema Ítaca, de Kavafis, el trayecto puede resultar tan importante como la llegada. En el caso de Ricardo Guadalupe, ese recorrido le permitió participar en proyectos vinculados a la narración oral, la radio y la enseñanza.
Narrador oral en el Proyecto Fahrenheit 451
Ricardo Guadalupe formó parte del Proyecto Fahrenheit 451 como persona-libro. Inspirados en la novela de Ray Bradbury, sus participantes memorizaban textos literarios para recitarlos en espacios públicos, con la intención de acercar la literatura a los viandantes.
Su primera intervención tuvo lugar en la plaza de los Cubos de Madrid. A pesar de su timidez, se encontró ante un micrófono narrando para quienes pasaban por allí. Aquella experiencia lo obligó a exponerse ante el público y a relacionarse con la palabra desde la oralidad.
La radio y la escritura de discursos
A su colaboración en El planeta de los libros se sumó una etapa como redactor de discursos políticos. Trabajaba para un cargo relacionado con el deporte, aunque prefiere no identificar el partido, y podía preparar dos o tres intervenciones al día.
Era una época de numerosos actos públicos, lo que exigía escribir con rapidez y continuidad. Ese trabajo le permitió ganar soltura y confianza. En ocasiones, escuchaba por televisión discursos que él mismo había redactado.
La enseñanza y los años fuera de Madrid
Ricardo Guadalupe también ejerció como profesor de escritura creativa. En Málaga impartió el taller Las palabras del escritor, una actividad que le gustaría retomar después de la promoción de su novela.
Su estancia en esa ciudad comenzó cuando decidió marcharse de Madrid para aislarse y escribir. Más tarde vivió un año en Valencia y otro en Granada. Allí conoció a Silvia, su mujer, durante el largo periodo de gestación de la novela. De esa etapa surgió una relación que, con el tiempo, daría lugar a la familia que hoy forman junto a sus dos hijos.
Su vínculo con la patafísica
Durante su estancia en Granada entró en contacto con los patafísicos. Ángel Olgoso, Rector Magnífico del Instituto Patafísico Granatensis, lo nombró Sátrapa Trascendente de la institución.
Ricardo Guadalupe entiende la patafísica como una forma lúdica de crear y vivir el arte. Dentro de ese espíritu se encuentra el grupo Oulipo, conocido por trabajar con restricciones literarias. Uno de sus ejemplos es El secuestro, de Georges Perec, una novela en la que no aparece la letra «a». Ese tipo de juegos forma parte del interés que comparte con el movimiento patafísico.
La regeneración de Dios

La regeneración de Dios es una novela de ciencia ficción que combina una trama de acción con una reflexión sobre el origen de la vida, la evolución humana y la idea de un universo entendido como un solo ser. A través de Abel, su protagonista, Ricardo Guadalupe desarrolla una historia de crecimiento personal marcada por la aparición de dos seres procedentes de otro mundo y por la amenaza de una fuerza que pone en riesgo la regeneración del Todo.
Una pesadilla convertida en novela
La regeneración de Dios nació de una pesadilla recurrente. En ella, un guerrero tribal perseguía a Ricardo Guadalupe por el Rastro de Madrid y, entre toda la multitud, lo escogía a él como víctima. El autor decidió transformar aquella escena en un relato, pero pronto sintió la necesidad de averiguar por qué aparecía esa figura y qué podía significar. Al continuar la historia, el texto acabó convirtiéndose en el primer capítulo de la novela, publicada por la Editorial Gusanillo.
Las ilustraciones y la idea de un universo interconectado
La obra incluye varias ilustraciones relacionadas con sus personajes y con los símbolos centrales de la historia. En la portada aparece el guerrero tribal que dio origen a la novela. La contraportada muestra a Fronte y Braxo, dos extraterrestres con apariencia humana que acompañan a Abel, el protagonista. En una de las solapas, Abel aparece dentro de Nepentes, una espiral vertical que, dentro del relato, concentra la memoria de todo el Universo.
El punto de partida de la historia condujo a Ricardo Guadalupe hacia la ciencia ficción, un género que le permitía desarrollar una idea sobre el cosmos en la que llevaba tiempo pensando. Durante su juventud, las explicaciones teológicas que recibía sobre el origen y el destino del ser humano no terminaban de convencerlo, por lo que empezó a construir sus propias respuestas. A partir de esas dudas concibió un universo interconectado, cercano a una visión panteísta. En la novela, el cosmos forma un solo ser, inmenso y descomunal, al que el autor llama Dios. Todo cuanto existe formaría parte de esa totalidad, de manera que ningún acontecimiento tendría lugar de forma aislada.
Esta concepción explica la importancia de la espiral, un símbolo que también aparece en la portada. Ricardo Guadalupe la vincula con la tradición celta y con la conexión entre los elementos de la naturaleza. Su forma puede encontrarse en el macrocosmos, como en el movimiento de los planetas o en la Vía Láctea, y también en estructuras más pequeñas, entre ellas las conchas, los cuernos y el ADN.
La misma idea justifica la presencia de Fronte y Braxo. Ambos proceden de otro mundo, pero lo que ocurre en la Tierra también los afecta a ellos y a su planeta. Dentro del universo planteado por la novela, todo está conectado.
La evolución del Todo y el origen del conflicto
La espiral también representa el camino ascendente de la evolución. Esta idea aparece en la sinopsis de la novela, donde se plantea qué vendrá después del ser humano. La teoría de la evolución permite explicar de dónde procede, pero no determina en qué podría convertirse.
La obra extiende esa pregunta al propio Dios. Dentro del planteamiento de Ricardo Guadalupe, Dios es el Todo, un universo que ha ido cambiando a través de sucesivas regeneraciones. Desde lo que conocemos como el Big Bang, la historia se situaría en la Última Regeneración de Dios. Sin embargo, cada uno de esos procesos ha dejado residuos que, con el tiempo, han dado forma a la Nada. Esta fuerza actúa como antagonista y trata de impedir la regeneración definitiva mediante la introducción de unos bloqueadores en la Tierra.
La evolución del Todo depende así de lo que ocurra en el planeta. Para detener el proceso, la Nada ha creado una estirpe de asesinos que permanece entre los seres humanos desde el origen de la vida. A partir de este conflicto, la novela desarrolla su trama de acción. Abel, guiado por Fronte y Braxo, debe descubrir qué relación mantiene con esos bloqueadores, decidir cómo actuar y enfrentarse a ellos. Fronte lo acompaña desde la sabiduría, mientras Braxo, asociado a la fuerza, le enseña técnicas de lucha.
Documentación y construcción del protagonista
Para desarrollar las escenas de lucha, Ricardo Guadalupe estudió una enciclopedia de artes marciales que le prestó un amigo policía. La documentación científica contó también con la ayuda de Judith Palacios, una amiga astrónoma que lo asesoró sobre el origen de la vida en la Tierra.
A través de ella conoció la importancia atribuida a los cometas en algunas hipótesis sobre ese proceso. Estos cuerpos transportan compuestos químicos precursores de la vida y su materia orgánica pudo haber llegado al planeta durante las primeras etapas de su formación. Esta teoría recibe el nombre de panspermia.
La evolución psicológica de Abel
La novela está dirigida a un público amplio, desde los dieciséis años hasta la edad adulta. Abel tiene poco más de veinte años, por lo que su recorrido puede resultar cercano a los lectores jóvenes. Sin embargo, la historia se sitúa en la década de 1990, un periodo más próximo a la generación del autor.
La elección de esos años responde también a una necesidad narrativa. Como los teléfonos móviles aún no se habían generalizado, los personajes podían desaparecer o permanecer incomunicados durante parte de la trama.
El desarrollo psicológico de Abel ocupa un lugar central. Al comienzo vive sobreprotegido por su madre, pero las dificultades que atraviesa lo obligan a confiar en sí mismo y a tomar decisiones. Ricardo Guadalupe trasladó al personaje varios aprendizajes de su propio proceso terapéutico.
A lo largo de la historia, Abel sale de ese entorno protegido y entra en contacto con experiencias que hasta entonces le eran ajenas. Conoce la amistad y el amor, pero también la noche y la intemperie.
El protagonista debe enfrentarse además a su propia sombra, un lado oscuro que lo tienta de manera constante. El autor reconoce que esa lucha interior también estuvo presente durante su juventud, aunque entonces no hablaba de ella con nadie.
La literatura como espacio para abordar los tabúes
Ricardo Guadalupe reconoce que la literatura le ha permitido resolver tabúes y nudos personales que no encontraba tratados con la misma franqueza en las conversaciones familiares o entre amigos. Esa experiencia se traslada al recorrido de Abel, que se enfrenta a cuestiones relacionadas con el sexo y el amor, además del alcohol. La novela procura mostrar estos asuntos con la complejidad que tienen en la vida real.
Entre las lecturas que influyeron en su manera de entender el amor se encuentra El arte de amar, del psicólogo Erich Fromm. El libro le aportó una perspectiva que más tarde quiso incorporar a su propia obra. Su contribución aparece a través de los personajes y de las situaciones que atraviesan, no mediante una exposición teórica.
Una historia con varias capas
La ciencia ficción siempre ha atraído a Ricardo Guadalupe por su capacidad para presentar mundos posibles a partir de planteamientos cercanos a la filosofía sin renunciar al entretenimiento. En La regeneración de Dios buscó reunir ambas dimensiones mediante una historia construida en distintos niveles.
El lector puede seguir las vicisitudes de Abel y quedarse en la superficie narrativa, pero también puede profundizar en las preguntas que plantea la obra. Para explicar esta posibilidad, el autor recurre a la escena de Matrix en la que Neo debe escoger entre la píldora azul y la roja, es decir, entre el mundo conocido y aquello que permanece oculto.
La novela ofrece al lector una elección semejante. Puede limitarse a acompañar al protagonista en su aventura o dejarse arrastrar por ella hasta una experiencia que, según la intención del autor, llegue a resultar transformadora.
Citas literarias y referencias culturales
Cada capítulo comienza con una cita literaria que anticipa de algún modo su contenido. A estas se suman otras referencias incluidas a lo largo del texto, procedentes de libros y películas, además de canciones.
La música aparece integrada en las escenas porque los propios personajes la escuchan, especialmente Abel. Algunas letras se incorporan de forma directa para acompañar los momentos que vive y reforzar el ambiente en el que se desarrolla la historia.
Madrid ocupa también un lugar relevante dentro de la novela. Ricardo Guadalupe describe distintos rincones de la ciudad, sus locales y la Sierra de Guadarrama. Entre los espacios que aparecen se encuentran el Berlín Café, el Rincón Musical de la plaza de las Salesas y el Teleférico.
Una primera novela atravesada por su mundo
Ricardo Guadalupe asume que en una primera novela el autor suele volcar buena parte de sí mismo. En su caso, reconoce que La regeneración de Dios contiene su mundo y muchas de las experiencias que contribuyeron a formarlo.
Su intención fue que la lectura influyera de manera positiva y permaneciera en el lector después de terminar la novela. Por ese motivo dedicó años a cuidar las frases y a trabajar las emociones. Sabe que la obra no conectará con todo el mundo, pero confía en que quienes entren en ella la disfruten intensamente.