El libro Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en Venezuela (2024, Letra Grupo Editorial), escrito por José María González Mendoza, constituye un aporte imprescindible para la historiografía venezolana y latinoamericana. Se trata de un trabajo que pone en evidencia un fenómeno sistemáticamente silenciado: la esclavitud y trata de indígenas wayuu en la frontera colombo-venezolana, particularmente entre 1890 y 1930.
A pesar de que la esclavitud había sido abolida en Venezuela en 1854, González Mendoza —miembro connotado de la etnia— demuestra que en el Zulia persistió bajo nuevas formas encubiertas, como el contrato personal y el peonaje forzoso. Los indígenas wayuu fueron capturados, comprados o engañados en su tierra ancestral y trasladados a haciendas del sur del Lago de Maracaibo, donde eran sometidos a trabajos forzados en condiciones equiparables a la esclavitud.
El libro logra reconstruir este proceso a partir de fuentes documentales del Archivo Histórico del Estado Zulia (AHZ), leyes y decretos de la época, así como de la tradición oral wayuu. Ese cruce de testimonios otorga solidez a la investigación y permite una mirada más amplia: desde la óptica criolla, la institucional, y a partir de la voz de los propios pueblos originarios.
El aporte de los estudios regionales
La investigación se inscribe en la línea de estudios regionales impulsada en la Universidad del Zulia desde mediados del siglo XX. Estos estudios han permitido comprender la historia nacional a partir de las dinámicas locales y subregionales, otorgando protagonismo a colectivos sociales que antes aparecían desdibujados en la historiografía oficial.
En este caso, González Mendoza articula la historia de la península de la Guajira y el Zulia con los procesos de construcción del Estado nacional. La explotación de la mano de obra wayuu se conecta con dos momentos clave: la economía agroexportadora de finales del siglo XIX y el auge petrolero de las primeras décadas del XX.
La obra muestra cómo, más allá de las disposiciones legales, la economía zuliana demandaba una fuerza laboral abundante y barata. Esa necesidad impulsó prácticas esclavistas toleradas por las élites regionales, amparadas muchas veces por la complicidad de las autoridades. Así, la historia local se enlaza con dinámicas globales de explotación laboral y racial, ofreciendo al lector un panorama complejo que va más allá de lo anecdótico.
La voz de la prologuista: resistencia y dignidad
El prólogo, escrito por la historiadora Arlene Urdaneta Quintero, constituye un valor añadido a la obra. Urdaneta, docente e investigadora de la Universidad del Zulia, destaca la importancia de este libro como una contribución clave para comprender la vigencia de la esclavitud en plena vida republicana.
Para la prologuista, el texto de González Mendoza es revelador porque demuestra que, aunque la esclavitud había sido legalmente prohibida, continuó de manera soterrada y con la anuencia de sectores del poder económico y político. En su visión, el libro describe un episodio histórico de injusticia y pone en relieve la resiliencia del pueblo wayuu ante el atropello.
Urdaneta subraya que, a pesar de los abusos, los wayuu mantuvieron su lengua, sus leyes consuetudinarias, su organización social basada en el matrilinaje y prácticas culturales como los rituales funerarios. Para ella, el libro dignifica a una nación que, lejos de desaparecer como algunos cronistas del siglo XIX pronosticaban, ha sobrevivido y resistido con fuerza hasta el presente.
Sobre el autor: José María González Mendoza
Uno de los elementos que explica la riqueza de este trabajo es el origen y la trayectoria formativa de su autor. José María González Mendoza —nacido en Süchimma (Tierra del Río), Riohacha, la Guajira, el 27 de febrero de 1950— pertenece al pueblo wayuu por herencia materna, lo que le otorga un vínculo identitario profundo con la temática que investiga. Inició su carrera como comunicador social, pero posteriormente se consolidó como historiador en el Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia (LUZ).
Allí estuvo bajo la influencia de maestros de la talla de Germán Cardozo Galué y la propia Arlene Urdaneta Quintero, con quienes compartió la línea de investigación Formación del Estado Nacional en Venezuela. Esta combinación de comunicación e historia le permitió desarrollar un estilo narrativo riguroso pero accesible, con capacidad para entrelazar datos duros con relatos que atrapan al lector.
Es innegable que su ascendencia étnico-familiar le otorga un vínculo vital con la temática. González Mendoza no escribe desde la distancia académica pura, no, lo hace desde una experiencia que conecta lo personal con lo colectivo, lo investigativo con lo vivencial. Ese compromiso se percibe en la forma en que presenta a los wayuu: como protagonistas de luchas y resistencias, y no como sujetos pasivos de la historia.
Elementos destacados de la obra
El libro exhibe múltiples virtudes que lo convierten en una referencia fundamental:
- Rigurosidad documental: se apoya en archivos nacionales y regionales, constituciones, leyes y decretos que permiten demostrar la persistencia de la esclavitud más allá de la letra de la ley.
- Visión interdisciplinaria: combina historia con elementos de antropología y etnografía, abriendo nuevas perspectivas para comprender la dimensión cultural del fenómeno.
- Inclusión de la oralidad wayuu: incorpora testimonios de la tradición oral que revelan la cosmovisión y la memoria colectiva de la nación wayuu.
- Relevancia social: rescata un capítulo silenciado que afecta directamente a un pueblo que aún hoy enfrenta discriminación y exclusión, dándole un sentido actual al pasado investigado.
Matices y oportunidades de expansión
Más que debilidades, la obra presenta retos y posibilidades de crecimiento. En algunos tramos, la densidad de fuentes documentales puede exigir un esfuerzo adicional al lector, pero esto reafirma su carácter académico y el rigor con que se elaboró la investigación.
Por otro lado, aunque la dimensión etnográfica no se desarrolla con la extensión de un estudio antropológico, el diálogo entre historia y memoria oral abre un terreno fértil para futuras investigaciones interdisciplinarias.
Finalmente, la comparación con otros procesos esclavistas en América Latina aparece solo de manera tangencial. Este aspecto, lejos de ser una carencia, puede asumirse como un punto de partida para conectar la experiencia wayuu con las dinámicas continentales de explotación indígena, enriqueciendo así el debate académico en el futuro.
Una memoria necesaria para el presente
El mayor valor del libro radica en su capacidad de trascender lo meramente histórico. Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en Venezuela interpela al lector contemporáneo al plantear preguntas sobre los derechos humanos, la vigencia de formas de explotación y la deuda histórica con los pueblos originarios.
El texto académico revela cómo la impunidad estatal y la connivencia de las élites económicas permitieron la continuidad de prácticas esclavistas hasta bien entrado el siglo XX. Este señalamiento es crucial para comprender que la esclavitud no fue un episodio aislado ni un vestigio lejano, sino una realidad prolongada que marcó profundamente a la sociedad wayuu y a la región zuliana.
Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en Venezuela: justicia desde la historia
El trabajo de González Mendoza constituye, en última instancia, un acto de justicia histórica. Al documentar la trata y esclavitud de los wayuu, el autor rescata una memoria silenciada y reivindica a una nación indígena —su nación— que ha sido pilar en la construcción de Venezuela.
El libro demuestra que la historia del país no puede entenderse sin considerar el sacrificio, la resistencia y la voz de sus pueblos originarios. En ese sentido, se trata de un texto que va más allá de la investigación académica: es denuncia, testimonio y homenaje.
Al articular fuentes documentales, memoria oral y análisis crítico, Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en Venezuela se convierte en un referente obligado para quienes buscan comprender la relación entre legalidad, poder económico y explotación en la historia republicana. Pero, sobre todo, es un llamado a reconocer la resiliencia del pueblo wayuu y a saldar la deuda histórica con quienes fueron arrancados de su tierra y reducidos a la servidumbre.