La industria editorial de Ucrania perdió alrededor de 13 millones de ejemplares durante julio y agosto de 2026 tras una sucesión de ataques rusos contra almacenes e instalaciones de impresión. El Ukrainian Book Institute actualizó recientemente el balance, que semanas antes rondaba los diez millones de libros destruidos. Uno de los golpes más graves ocurrió el 1 de agosto en Járkov, cuando un ataque contra las instalaciones de RNK-Ranok eliminó una cantidad equivalente aproximadamente al 30 % de la producción anual del sector.
Los ataques alcanzan almacenes e imprentas ucranianas
El Ukrainian Book Institute informó que las pérdidas registradas durante julio y agosto afectan una parte considerable de la capacidad productiva del país. Los ataques alcanzaron almacenes editoriales, centros logísticos e imprentas utilizadas por numerosas empresas, con consecuencias especialmente graves para aquellas que habían concentrado buena parte de sus existencias en instalaciones destruidas durante las ofensivas.
Uno de los primeros episodios importantes ocurrió el 2 de julio, cuando fue destruido el almacén central de Denka Logistics, empresa que trabajaba con BookChef. La International Publishers Association calcula que allí se perdieron aproximadamente 800.000 libros, además de daños sufridos por Megapoligraf Printing House. La imprenta participaba en la producción de libros escolares para Ranok, por lo que el ataque afectó tanto ejemplares terminados como materiales destinados a futuras ediciones.
Las pérdidas continuaron durante la segunda mitad de julio. Un ataque destruyó el almacén de Knyholav y eliminó cerca de 250.000 ejemplares, mientras otro impacto alcanzó la imprenta Konvi. Esta última perdió talleres junto con equipos de producción, además de casi 250.000 libros escolares ya impresos. También desaparecieron materiales destinados a producir otros 350.000 ejemplares para diferentes editoriales ucranianas.
Ranok perdió alrededor de ocho millones de ejemplares
El episodio de mayor impacto ocurrió el 1 de agosto en Járkov, cuando un ataque con drones destruyó un almacén perteneciente a Ranok, uno de los principales grupos editoriales infantiles y educativos del país. Reuters calculó entonces la pérdida en aproximadamente ocho millones de libros, mientras el Ukrainian Book Institute señaló que el volumen destruido equivalía a cerca del 30 % de la producción anual del sector editorial ucraniano.
Ranok ocupa una posición relevante dentro del sistema educativo porque produce una parte considerable de los manuales utilizados en las escuelas del país. El director de la compañía, Viktor Kruhlov, describió ante Reuters la destrucción de los depósitos y explicó que el grupo necesitaría un periodo prolongado para recuperar sus existencias. La pérdida afecta además a otros sellos y distribuidores que almacenaban ejemplares dentro de instalaciones vinculadas con la compañía.
La magnitud económica también comienza a alterar la capacidad operativa de determinadas editoriales. El Ukrainian Book Institute advirtió el 14 de agosto que algunas empresas podían afrontar consecuencias críticas porque los daños comprometían porcentajes demasiado elevados de sus inventarios. El organismo reclamó ayuda a instituciones editoriales internacionales y pidió mecanismos capaces de facilitar nuevas tiradas, compra de libros u otras formas directas de respaldo al sector.
La cifra aumenta hasta unos 13 millones de libros
Las primeras estimaciones difundidas a mediados de agosto hablaban de aproximadamente diez millones de ejemplares destruidos durante los ataques recientes. Sin embargo, la información más actual publicada por el Ukrainian Book Institute eleva las pérdidas acumuladas durante julio y agosto hasta alrededor de 13 millones de copias, después de incorporar nuevos daños ocurridos durante ese periodo.
El problema supera la reposición física de los ejemplares porque varios ataques también eliminaron maquinaria, papel y materiales preparados para futuras impresiones. La interrupción afecta especialmente a los libros escolares en un momento próximo al comienzo del curso académico, mientras algunas editoriales deben reconstruir simultáneamente sus cadenas de almacenamiento y producción. La International Publishers Association ha condenado los ataques y ha pedido respaldo internacional para permitir que las empresas afectadas puedan continuar publicando los libros requeridos por sus comunidades.