Underground ocupa un lugar singular dentro de la obra de Haruki Murakami porque abandona temporalmente la ficción para reconstruir el atentado con gas sarín cometido por miembros de Aum Shinrikyo en el metro de Tokio el 20 de marzo de 1995. La primera parte apareció en Japón en marzo de 1997 y reunió decenas de entrevistas con supervivientes, familiares y personas afectadas directamente por el ataque; un segundo volumen, Yakusoku sareta basho de. Underground 2, publicado en noviembre de 1998, incorporó posteriormente las voces de miembros y antiguos integrantes de Aum. Las ediciones occidentales reunieron esos dos movimientos bajo un mismo título, de modo que el libro quedó organizado alrededor de una pregunta que se vuelve más compleja conforme aparecen nuevos testimonios: cómo pudo producirse una violencia de esa magnitud dentro de una sociedad que muchos de sus protagonistas consideraban estable.
El cambio de género modifica también la posición de Murakami como escritor. Hasta entonces había construido buena parte de su narrativa alrededor de individuos que descubren grietas inesperadas en una vida aparentemente normal, mientras aquí esa ruptura procede de un acontecimiento histórico comprobable y afecta simultáneamente a centenares de personas. El autor regresó a Japón después de varios años en Estados Unidos en un momento marcado tanto por el terremoto de Kobe como por el atentado del metro, experiencias que, según explicó posteriormente, alteraron su manera de pensar su relación con la sociedad japonesa. Underground nace de esa reconsideración y sustituye durante buena parte de sus páginas la voz del novelista por una estructura destinada a conservar la experiencia verbal de quienes estuvieron allí.
El atentado contado desde quienes viajaban al trabajo
La organización de la primera parte sigue las líneas de metro afectadas y reconstruye la mañana del atentado mediante testimonios individuales, una decisión que evita convertir el episodio en una narración panorámica dominada por el propio autor. La edición de Kodansha distribuye el material entre la línea Chiyoda, las dos direcciones de la Marunouchi y distintos trayectos de la Hibiya, mientras el conjunto procede de entrevistas realizadas a 62 personas relacionadas con el ataque. Esa disposición obliga a regresar varias veces a las mismas horas y estaciones desde posiciones diferentes, por lo que la dimensión del acontecimiento surge mediante acumulación antes que a través de una explicación retrospectiva única.
Los testimonios comienzan con frecuencia mucho antes de que aparezca el sarín porque Murakami pregunta por horarios laborales, trayectos habituales y decisiones aparentemente insignificantes que determinaron dónde se encontraba cada persona aquella mañana. Esa atención al detalle cotidiano permite entender cómo el atentado irrumpió dentro de una rutina compartida por miles de trabajadores y, al mismo tiempo, conserva las diferencias concretas entre quienes quedaron atrapados en los trenes. Una persona tomó determinado vagón porque acostumbraba hacerlo; otra cambió ligeramente su recorrido; alguien permaneció en el tren porque todavía ignoraba la gravedad de los síntomas. La reconstrucción adquiere así una dimensión física, puesto que cada desplazamiento previo termina condicionando la exposición al gas y las posibilidades posteriores de recibir ayuda.
La entrevista como forma narrativa
Murakami interviene sobre las conversaciones, pero conserva una estructura que deja espacio suficiente para que cada entrevistado organice su propia experiencia. El interés del libro depende precisamente de esa distribución de la palabra, ya que los supervivientes recuerdan detalles distintos y atribuyen diferente importancia a hechos ocurridos durante el mismo episodio. The Guardian señaló al aparecer la edición inglesa que esa abundancia de información cotidiana termina produciendo una sensación creciente de desorientación, porque los recuerdos extremadamente precisos conviven con una dificultad persistente para comprender el acontecimiento completo. La repetición deja entonces de ser redundante y muestra cómo una catástrofe colectiva permanece dividida entre experiencias individuales que nunca pueden coincidir por completo.
Esa estructura exige además que Murakami reduzca deliberadamente la presencia de su propia interpretación durante largos tramos. Su trabajo aparece en las preguntas, en la selección de los entrevistados y en la edición posterior de las conversaciones, aunque el cuerpo principal conserva la cadencia particular de cada voz. El resultado se aproxima a la historia oral y guarda relación con una tradición que el propio Murakami vinculó después con el trabajo de Studs Terkel. La elección resulta especialmente adecuada para un acontecimiento cuya cobertura mediática se había concentrado inicialmente en Aum, porque desplaza la atención hacia personas que habían aparecido muchas veces agrupadas bajo categorías generales como víctimas o supervivientes.
De las víctimas a quienes ingresaron en Aum
La segunda fase del proyecto modifica el ángulo de investigación porque Yakusoku sareta basho de dirige las entrevistas hacia miembros y antiguos miembros de Aum Shinrikyo. Publicado el 26 de noviembre de 1998, el libro buscaba comprender por qué personas que podían llevar vidas aparentemente ordinarias habían aceptado integrarse en una organización capaz de producir una violencia extrema. La decisión amplía el problema planteado en 1997 porque el atentado deja de examinarse únicamente desde sus consecuencias inmediatas y comienza a relacionarse con las necesidades personales que permitieron a la secta atraer seguidores.
Ese desplazamiento resulta decisivo para la arquitectura completa de Underground, pues las voces procedentes de ambos lados del acontecimiento obligan a abandonar cualquier explicación basada exclusivamente en una separación cómoda entre una sociedad normal y un grupo completamente exterior a ella. Murakami se interesa por las historias personales, las frustraciones y las formas de aislamiento que precedieron al ingreso en Aum, de modo que la investigación empieza a aproximarse a una cuestión que también había recorrido buena parte de su ficción: qué sucede cuando una persona siente que la realidad disponible ya no proporciona una explicación suficiente de su propia vida.
La experiencia individual frente al relato colectivo
La acumulación de testimonios modifica la manera en que puede entenderse el atentado porque cada entrevistado reconstruye solamente una porción del acontecimiento, determinada por el vagón en el que viajaba, las personas que tenía cerca y el momento en que comprendió que algo anormal estaba ocurriendo. Murakami conserva esas limitaciones y evita transformarlas en una narración omnisciente, de modo que las contradicciones entre recuerdos forman parte del propio conocimiento que produce el libro. Un estudio posterior sobre Underground señala que las entrevistas fueron transcritas, reorganizadas y editadas con autorización de sus protagonistas, quienes además pudieron corregir o retirar información personal antes de la publicación. Esa mediación impide considerar el volumen como una simple reproducción documental y obliga a reconocer una construcción narrativa orientada a preservar la singularidad de cada voz.
La decisión tiene una consecuencia importante porque devuelve identidad a personas que la cobertura inicial había agrupado bajo cifras generales de muertos, heridos y afectados. Murakami comienza muchas entrevistas preguntando por la vida previa de quien habla, precisamente para que el atentado aparezca dentro de una biografía y no sustituya retrospectivamente todo lo demás. La investigación académica sobre el libro relaciona esa elección con su intención de corregir el predominio mediático concedido a los responsables, que había dejado a las víctimas en una posición secundaria dentro del relato público. El trayecto cotidiano hacia el trabajo adquiere entonces importancia porque muestra cuánto de una vida corriente tuvo que coincidir para que determinada persona estuviera exactamente allí cuando se liberó el gas.
Aum Shinrikyo y las dificultades de una explicación cerrada
Las entrevistas con integrantes y antiguos miembros de Aum introducen un problema diferente, ya que Murakami intenta comprender la adhesión a la organización sin convertir ese acercamiento en una justificación de sus crímenes. Las experiencias recogidas muestran personas atraídas por formas de disciplina espiritual y por explicaciones capaces de ordenar una existencia que percibían como insatisfactoria, aunque sus recorridos personales fueran muy distintos. El interés crítico se desplaza de esta manera hacia el vínculo entre individuo y comunidad, porque aquello que Aum ofrecía a sus seguidores también dependía de una narrativa dentro de la cual su aislamiento podía adquirir significado.
Esa atención hacia las historias personales impide que la secta quede reducida a una anomalía incomprensible situada completamente fuera de la sociedad japonesa. Murakami examina las condiciones que hicieron atractiva su estructura para determinados individuos y mantiene al mismo tiempo la responsabilidad concreta de quienes participaron en actos violentos. La edición inglesa, traducida por Alfred Birnbaum y Philip Gabriel, reunió precisamente materiales relacionados con las víctimas y con miembros de Aum bajo el subtítulo The Tokyo Gas Attack and the Japanese Psyche, reforzando así una lectura que conectaba el crimen con preguntas sociales más amplias.
La crítica a las respuestas institucionales
Los testimonios permiten observar también problemas ocurridos después de la liberación del sarín, cuando numerosos pasajeros y trabajadores tuvieron que interpretar síntomas que todavía no podían identificar. Esa incertidumbre aparece desde distintas posiciones y muestra que una emergencia colectiva depende tanto de quienes la padecen como de la capacidad institucional para reconocerla y coordinar una respuesta. Murakami evita convertir estos episodios en una denuncia abstracta y deja que las deficiencias aparezcan mediante experiencias concretas, circunstancia que refuerza la diferencia entre conocer posteriormente la naturaleza del ataque y vivirlo cuando todavía faltaba esa información.
El método resulta especialmente eficaz porque la reiteración cambia de significado conforme aparecen nuevos testimonios. Una dificultad que inicialmente parece excepcional comienza a revelar una pauta cuando otras personas describen problemas semejantes, de manera que la estructura acumulativa produce una interpretación sin necesidad de imponerla mediante una voz explicativa constante. Esa cualidad fue señalada también en la recepción crítica de la edición inglesa, donde Kirkus Reviews destacó la contención con la que Murakami presenta una materia extremadamente violenta y la forma en que las entrevistas preservan la humanidad particular de quienes atravesaron el atentado.
La recepción de Underground como periodismo literario
La recepción internacional prestó especial atención al desplazamiento de Murakami desde la ficción hacia una forma de investigación basada en testimonios. El libro fue leído como periodismo literario porque la información documental permanece organizada mediante decisiones de ritmo, selección y perspectiva que proceden de una sensibilidad narrativa reconocible, aunque aquí se encuentren subordinadas a vidas reales. Kirkus Reviews describió la obra como una crónica de los efectos del atentado cuya fuerza dependía precisamente de una voz controlada, mientras estudios posteriores han situado el volumen dentro de las prácticas de historia oral por la manera en que conserva y edita las experiencias de los entrevistados.
Conviene considerar, además, que la versión inglesa no reproduce íntegramente la extensión de las publicaciones japonesas. La investigación de James White señala que el volumen original de 1997 contenía 61 testimonios y que la edición inglesa redujo considerablemente esa selección, a la vez que incorporó entrevistas procedentes del segundo libro dedicado a Aum. Esta diferencia editorial importa porque el lector internacional accede a una arquitectura parcialmente reconstruida, donde víctimas y miembros de la organización aparecen dentro de un mismo volumen y producen una simetría más marcada que la existente en la secuencia original japonesa.
Underground dentro de la obra de Haruki Murakami
El trabajo documental de Underground modificó la relación de Murakami con problemas que ya estaban presentes en su ficción, pues la separación entre el individuo y las estructuras sociales adquiere aquí una referencia histórica inmediata. Sus novelas anteriores habían representado personajes aislados que intentaban comprender alteraciones difíciles de integrar en su vida cotidiana; el atentado de 1995 mostró que una ruptura igualmente desconcertante podía producirse en un espacio real, durante un desplazamiento ordinario y ante personas que carecían de una explicación disponible en ese momento. Esa proximidad permite comprender por qué el libro conserva vínculos con su narrativa sin necesitar convertir el acontecimiento en ficción.
La importancia de Underground reside entonces en el método con el que Murakami intenta acercarse a un episodio que había quedado rápidamente rodeado por interpretaciones públicas. En lugar de sustituirlas por otra explicación total, organiza voces particulares y permite que sus coincidencias o diferencias revelen progresivamente la dimensión del problema. El resultado conserva vacíos, versiones parciales y zonas difíciles de reconciliar, características que pertenecen también a la memoria de cualquier acontecimiento colectivo y que aquí se mantienen visibles como parte del registro.