Juan Manuel Ortiz («el poeta de la sal», como se le conoce en círculos literarios por la fuerte presencia del mar y la sal en su obra) nació el 5 de diciembre de 1983 en Punta de Piedras, un poblado pesquero de la Isla de Margarita, estado Nueva Esparta, Venezuela. Su infancia transcurrió entre Las Mercedes y El Guamache, siempre en contacto con el mar, elemento que marcaría de manera indeleble su futura producción poética.
A orillas de aquel paisaje marino jugaba en un pequeño astillero cercano a su casa, junto a la ranchería de Felipe Veda. Allí pasaba horas entre tacos improvisados, redes, nailon y carretes para pescar camarones, actividades que se convirtieron en fuente de imágenes recurrentes en sus poemas. Ortiz recuerda ese entorno como una «escuela del mar», donde aprendió las dinámicas de la vida costera y absorbió la jerga, las tradiciones y los oficios de los pescadores.
Desde pequeño, además de colaborar en la faena de arrastrar los trenes de pesca a la orilla, se dedicaba a recolectar latas en las calles. Prefería patearlas en lugar de recogerlas para evitar las miradas de sus vecinos, un gesto con el que intentaba proteger a su madre, Gloria Ortiz, de posibles críticas. Gloria fue una figura decisiva: trabajaba como asistente de laboratorio y, al mismo tiempo, inculcó en sus seis hijos el valor del estudio como vía de superación. Ella se opuso a que su hijo siguiera la tradición pesquera y lo alentó a conseguir un título universitario.
Influencias tempranas
En la ranchería de Felipe Veda, el joven Juan compartió vivencias con pescadores destacados como Milincho y Martín Valiente. También recibió enseñanzas de Luis Macha, quien le mostró cómo remendar redes con aguja y molde de hueso. Estos hombres fueron figuras paternas y modelos de vida que luego aparecerían retratados en su obra, donde Ortiz describe a las personas y los lugares de su infancia con un estilo que mezcla sencillez popular y lirismo.
Durante esos años mostró sensibilidad hacia los animales. Rescataba gatos callejeros con ayuda de sus hermanos y amigos, improvisando refugios con cartones y piedras. Esa preocupación por los seres más frágiles del entorno se convirtió en un rasgo constante de su escritura: la mirada compasiva hacia lo marginal y lo vulnerable.
En la adolescencia, Ortiz caminaba cada mañana desde Las Mercedes hasta El Guamache, armado con una puya para cazar cangrejas. Llegaba a capturar entre cincuenta y cien ejemplares, que luego servían para preparar consomés en su casa o para entregarlos a su vecino Marci, quien los transformaba en cremas. Extendió más tarde sus recorridos hasta La Salle y las lagunas de La Boca y Los Caimanes, donde extraía pollitos de agua y camarones. En ocasiones guardaba carnada y se desplazaba solo al muelle del ferry de madrugada. Estas experiencias de contacto directo con la naturaleza y la pesca artesanal inspiraron años después su primera novela, En La Boca de los Caimanes (2017).
Educación inicial
La insistencia de Gloria en la importancia del estudio quedó reflejada en el desempeño académico de Ortiz. Comenzó en el Jardín de Infantes «Tío Conejo», continuó en la Escuela Básica Tubores y luego cursó estudios en el Liceo Náutico Pesquero «Dr. Ramón Espinoza Reyes», conocido como La Salle. Fue allí donde dio sus primeros pasos literarios bajo la orientación de la profesora Coraine Cortesía. Con ella escribió «El Fernepe contaminante», un cuento infantil con el que representó a su colegio en un concurso regional organizado por la gobernación del estado, obteniendo el segundo lugar.
Simultáneamente descubrió dos aficiones que acompañarían su vida: la música y el ajedrez. Aprendió los fundamentos de la guitarra con el maestro Israel Rosales y las nociones de estrategia con Antonio Osío. Estas disciplinas, junto con la escritura, moldearon en él un carácter lógico y creativo al mismo tiempo.
A los dieciséis años, tras graduarse de bachiller en Ciencias Sociales en el año 2000, conoció a su padre biológico, el poeta Carlos Cedeño Gil. Aunque ya había escrito poemas de manera autodidacta, este encuentro reforzó su vínculo con la poesía. Cedeño aparecería más tarde en su obra en textos como «Nos parecemos» y «Tu olvido», incluidos en el poemario Cayena de sal (2018).
Estudios universitarios y primeras experiencias artísticas
Ortiz era un estudiante más auditivo que visual. En 2001 intentó ingresar a la carrera de Informática en la Universidad de Oriente (UDO), aunque tuvo dificultades en el examen de admisión. Con disciplina logró superar el curso propedéutico exigido por la institución. Durante esa etapa vendió consolas de videojuegos para adquirir una guitarra de mejor calidad, aprendió a leer partituras y recibió clases del profesor Nelson López. También fue entrenado en guitarra popular y acompañamiento por José «Cheo» González Vícent, cuya figura lo marcaría profundamente.
En paralelo se incorporó al Pequeño Teatro Andante de la UDO, donde trabajó con la maestra Juditha Alvarado. Aunque el pánico escénico le impidió actuar, encontró un espacio para contribuir con la musicalización y la escritura de textos teatrales infantiles. Esa experiencia consolidó el puente entre literatura y música en su vida.
En 2003 tuvo que abandonar la carrera de Informática debido a la falta de recursos para comprar una computadora personal. Decidió cambiarse a Educación Integral, mención Lengua y Literatura, lo que le permitió trabajar como depositario de medicamentos en un ambulatorio de El Guamache mientras estudiaba en las tardes. Este cambio, que en un principio parecía una alternativa práctica, se convirtió en su camino definitivo como escritor y docente.
Ese mismo año participó con su agrupación en el Festival Internúcleos de Teatro y en noviembre representó a la universidad en el Festival de Coros Universitarios UDO junto a la coral Inocente Carreño, dirigida por el maestro Roki Viscuña. En 2004, su cuento «El Fernepe contaminante» fue adaptado como obra teatral por Alvarado y llevado a escena en el Auditorio de la UDONE y otras localidades de Margarita.
Consolidación como músico y artesano
En 2006 fundó el Trío Rómulo Lazarde junto a Miguel Márquez y Pablo Marval. El grupo recorrió buena parte de la isla con composiciones propias, lo que dio origen a la Fundación 6 Cuerdas, una ONG que funcionó entre 2006 y 2012 y de la que Ortiz fue presidente. En esos años también trabajó como artesano en alambre y cuero, participando en ferias y obteniendo recursos adicionales para su sustento.
En 2008 realizó un viaje breve a Europa, visitando España y Francia. Recorrió ciudades como Toledo, Madrid, Asturias y París, donde alimentó su interés por la historia y el arte en museos y espacios culturales. Estas experiencias serían plasmadas en su columna «Transeúnte», publicada en el diario Sol de Margarita, y luego en el libro homónimo editado en 2018.
Graduación universitaria y primeros proyectos docentes
Durante sus últimos años como estudiante de Educación desarrolló un interés por la pintura académica, especialmente en técnicas de claroscuro, acuarela y pintura al frío. Pintó varias obras para exposiciones universitarias, entre ellas un cuadro bifrontista dedicado a Punta de Piedras, cargado de simbolismo sobre la lucha entre luz y sombra. La obra fue exhibida durante un mes, pero desapareció misteriosamente en la presentación final.
La literatura latinoamericana también tuvo un papel determinante en su formación, con la influencia de Gabriel García Márquez a través de las clases de la profesora Sor Elena Salazar, y el acercamiento a la décima espinela gracias a Ernesto Da Silva, conocido como «El Ciclón de Margarita». Estos referentes contribuyeron a perfilar su estilo híbrido, a medio camino entre la narrativa poética y la experimentación con la métrica tradicional.
En 2009 culminó su licenciatura en Educación Integral, mención Lengua y Literatura, con un desempeño destacado, aunque sin recibir el Summa Cum Laude debido al cambio de carrera.
Ese mismo año ingresó como guitarrista a la estudiantina Alberto «Beto» Valderrama Patiño, dirigida por Erasmo González López, donde perfeccionó su faceta de arreglista. Entre sus trabajos más recordados están los arreglos de «El carite», de Rafael González; «Pueblos tristes», de Otilio Galíndez; y «Media luna andina», de César Prato.
Carrera docente universitaria
Tras culminar su licenciatura, Ortiz fue invitado a incorporarse como profesor en la Universidad de Margarita (Unimar). Al inicio impartió asignaturas como Arte y Cultura y Literatura Española. Su desempeño lo llevó a asumir otras cátedras con el paso del tiempo: Literatura y Artes, Cultura y Civilización Española, Análisis Sociológico del Arte, Gramática, y Música y Artes Escénicas. Esta última le permitió explorar la creatividad de sus estudiantes a través de guiones teatrales que luego se llevaron a escena.
En 2012, junto con un grupo de alumnos y bajo su dirección, nació el Grupo de Teatro Unimar. Las obras montadas por este colectivo se presentaron dentro y fuera de la institución, gracias también al respaldo de la profesora Juditha Alvarado, quien colaboró en la formación de los jóvenes y aportó guiones. Ortiz consolidó así una experiencia donde confluyeron la literatura, la música y el teatro, confirmando su perfil de artista integral.
Entre 2015 y 2017, extendió su labor docente a la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), donde continuó con proyectos relacionados con las artes escénicas y la literatura. La docencia universitaria fue para él una vía de crecimiento personal y profesional, al tiempo que fortalecía sus nexos con el ámbito artístico de la región.
Escritor, corrector y editor
En paralelo con la enseñanza, Ortiz se involucró en el mundo editorial. Desde 2018 trabajó en la corrección de estilo y la edición de obras propias y de otros autores. También se especializó en maquetación y promoción de libros. Hasta la fecha ha editado más de treinta volúmenes, entre ellos títulos como Mi musa se fue con mi amante de Elizabeth Vivas, Cuál es el aroma de las nubes de Saida Salomón, Hilos de locura de Luis Salazar, Una gran aventura de Jarrinson Palencia, Tráfico y esclavitud wayuu en Venezuela de José María González Mendoza y Lope de Aguirre, de la crónica a la dramaturgia de Sor Elena Salazar.
Su experiencia como editor lo convirtió en una referencia en redes sociales, donde ha compartido contenidos relacionados con literatura, escritura y marketing cultural, alcanzando difusión internacional.
Emigración a Argentina
El 3 de febrero de 2019, la crisis venezolana obligó a Ortiz a emigrar. Se estableció en Buenos Aires, Argentina, donde continuó con su labor literaria y artística. La experiencia migratoria dio lugar a poemas y relatos centrados en la nostalgia, la pérdida y la condición del extranjero. La partida de su madre, Gloria Ortiz, en 2022, profundizó aún más el carácter melancólico y crítico de su escritura. En sus versos de esta etapa prevalecen la reflexión social y existencial, junto a una fuerte carga de memoria afectiva.
Reconocimientos y premios
Aunque su escritura no ha estado guiada por la búsqueda de premios, su trayectoria ha recibido diversos reconocimientos. En 2015 ganó un puesto destacado con «Atardecer en Juangriego» el XII concurso anual de cuento breve y poesía de la Librería Mediática. En 2016 fue finalista del Certamen español de Poesía Las Dos Castillas, lo que amplió su proyección internacional.
En 2018 obtuvo el premio Simón Bolívar. Ese mismo año, el liceo La Salle lo homenajeó durante la XIX Semana del Libro y el Idioma, reconociéndolo como uno de sus egresados destacados. En 2020 recibió un reconocimiento del CEDIM por su labor docente y musical. En 2023 obtuvo el Premio «Yo soy identidad», mención Literatura Neoespartana, y ganó el I Certamen Literario «José Joaquín Salazar Franco» en prosa y poesía clásica, con los textos «Un hombre que será olvidado» y «Otro Abel».
Producción literaria
La obra de Ortiz se caracteriza por la presencia recurrente del mar, la sal y la Isla de Margarita. Por ello, críticos y lectores lo conocen como «el poeta de la sal». Este rasgo lo diferencia de Juan L. Ortiz (Juan Laurentino Ortiz), poeta argentino cuya obra, aunque igualmente relevante, no guarda relación con la trayectoria del escritor margariteño. La confusión entre ambos nombres ha sido frecuente, lo que hace necesario subrayar la singularidad de Juan Manuel Ortiz dentro del panorama venezolano y caribeño.
Novela
Su primera novela, En La Boca de los Caimanes (2017, reedición en 2023), es un homenaje a Margarita. Estructurada en prólogo y treinta capítulos con la posibilidad de lectura independiente, narra la historia de un pueblo ficticio inspirado en Punta de Piedras. Los personajes incluyen a Fiorela, una niña autista; sus padres; Yayo Vargas; el doctor Eugenio Crisis, y otros habitantes que combinan lo real y lo imaginario. El libro integra distintos géneros narrativos —prosa, poesía, crónica, leyenda y monólogo— para reflexionar sobre la idea de «normalidad».
Poesía
- En 2017 publicó Cayena de sal, poemario que inaugura su trayectoria lírica. Sus cincuenta y nueve textos en prosa poética dialogan con la memoria, el deseo y la ausencia, cargados de simbolismo y erotismo sutil. Ese mismo año compuso Suite del Refugio, obra lírico-musical en homenaje a su maestro Cheo González, integrada por cinco piezas musicales acompañadas de poemas.
- En 2018 aparecieron varios poemarios: Roca de la sal, centrado en la nostalgia de la isla y con referencias mitológicas; La cama, de tono intimista y erótico; La casa, evocación de su infancia y de las creencias populares; y Del hombre y otras heridas del mundo, una reflexión sobre la crisis ambiental.
- En 2019 dio a conocer Evocativos, poemario lúdico en forma de adivinanzas que recoge elementos de la cultura neoespartana. Ese mismo año publicó Aslyl, marcado por la añoranza y los recuerdos marinos, y Orilla sagrada, su primera antología poética.
- En 2020 lanzó Relatos desde el grito, colección de cuentos de terror y realismo mágico inspirados en su pueblo; y Cuerpos en la orilla, poemario de 112 piezas que combinan existencialismo, erotismo y crítica literaria. También apareció Matria por dentro, con 29 poemas dedicados a la devastación de la tierra natal y el dolor de la migración.
- En 2021 publicó Mi poesía, el equívoco, con 134 textos que recorren su infancia, adolescencia y adultez, reafirmando su amor por Nueva Esparta. Ese año también reunió en Antología de la sal once de sus poemarios anteriores junto con textos inéditos.
- En 2022 presentó El jardín de los versos felices, extensa compilación poética infantil de más de trescientos textos, utilizada en instituciones educativas de América Latina como recurso pedagógico. La obra fue reeditada para la república argentina en 2025.
- En 2023 aparecieron Desasosiego, sobre la condición del inmigrante; y Rimando hasta la orilla, donde experimenta con formas clásicas y rima consonante. Ese mismo año reeditó y compiló tres poemarios —La cama, La casa y Matria por dentro— en el libro Espacios: tríptico de lo que fue.
- En 2024 publicó Reflexión frente al mar, volumen ilustrado junto al artista Carlos Calderón, donde poesía y pintura dialogan de manera conjunta. Y en 2025 volvió a colaborar con Calderón en En silencio y solitud, continuidad de esa búsqueda entre palabra e imagen.
Antologías y compilaciones
Ortiz ha reunido su obra en diferentes recopilaciones. En 2019 presentó Orilla sagrada; en 2021 Antología de la sal; y en 2023 Presencias, dedicada a personas cercanas que influyeron en su vida. También editó Palangre, con más de doscientas frases breves de su trayectoria.
En 2024 apareció Naufragio, tercera gran antología poética, que integra poemarios publicados entre 2017 y 2023, incluidos «Cayena de sal», «Roca de la sal», «La cama», «La casa» y «Desasosiego», entre otros. El nombre de esta última colección —por azares del destino— pasa a ser, un año después, el de su casa editorial en la Argentina.
El poeta de la sal
La producción literaria de Juan Manuel Ortiz se distingue por una constante: la presencia del mar y la sal como símbolos centrales de su mundo poético. Críticos y lectores lo han llamado «el poeta de la sal», apelativo que no solo hace referencia al entorno insular donde nació y creció, sino también a la manera en que estas imágenes se convierten en ejes de su narrativa y poesía.
La sal aparece en su obra con múltiples significados: como sustancia vital que preserva, como huella del mar en la piel, como metáfora de la memoria y, al mismo tiempo, como recordatorio de la aspereza de la vida cotidiana. En paralelo, el mar se erige como escenario y personaje, espacio de juego en su niñez y fuente de inspiración permanente. Esa dualidad convierte a Ortiz en un escritor profundamente arraigado a la Isla de Margarita, pero con un alcance que trasciende las fronteras locales.
La denominación de «poeta de la sal» también ha servido para distinguirlo de otros autores homónimos, en especial de Juan L. Ortiz, o Juan Laurentino Ortiz —el poeta del río—, bardo argentino del siglo XX asociado a la corriente del lirismo contemplativo. Aunque ambos comparten la sensibilidad hacia la naturaleza, sus contextos y estilos son distintos: el primero anclado en el litoral venezolano y el segundo en las riberas del río Paraná. De allí la importancia de remarcar la identidad propia de Juan Manuel Ortiz dentro del panorama literario venezolano y caribeño.
Evolución estilística
La trayectoria de Ortiz muestra una evolución marcada tanto por la práctica como por la lectura y la investigación constante. Sus primeros textos, de tono íntimo y experimental, dieron paso a una escritura más sólida a medida que incorporó referentes como Gabriel García Márquez, Gustavo Pereira y Rodolfo Rodríguez. La poesía en prosa se convirtió en su terreno predilecto, aunque nunca abandonó las estructuras clásicas como la décima espinela o la rima consonante.
En sus poemarios iniciales predominan la memoria personal, los paisajes marinos y las vivencias de Punta de Piedras. A lo largo de los años, estos temas se amplían hacia preocupaciones universales: la migración, la pérdida, la crisis ambiental, la identidad y la búsqueda de sentido. Esta evolución se aprecia en títulos como Del hombre y otras heridas del mundo (2018), donde la voz poética trasciende lo íntimo para abordar el deterioro del planeta, o en Desasosiego (2023), que explora la condición del inmigrante.
La narrativa, por su parte, ha mantenido un vínculo estrecho con lo poético. Su novela En La Boca de los Caimanes funciona como mosaico de relatos interconectados, con un estilo que mezcla crónica, leyenda, poesía y monólogo. De este modo, Ortiz no se adscribe a un único género, sino que se mueve con naturalidad entre prosa y verso, explorando los límites de ambos.
Influencias y referentes
La obra de Ortiz está atravesada por múltiples influencias. La literatura latinoamericana, en particular la del Boom, ocupa un lugar central. Gabriel García Márquez se convirtió en un referente fundamental, tanto en lo narrativo como en la construcción de atmósferas cargadas de realismo mágico. Al mismo tiempo, la décima espinela y el canto popular neoespartano lo conectaron con la tradición oral de su tierra.
En la música, sus referentes han sido guitarristas y compositores como Alberto «Beto» Valderrama Patiño, Antonio Lauro, Efraín Silva y Alirio Díaz. Esa formación musical le dio un oído especial para el ritmo interno de la palabra escrita. En el teatro, la guía de Juditha Alvarado lo ayudó a vincular literatura, música y escena. Y en el campo académico, la profesora Sor Elena Salazar fue decisiva para afianzar su admiración por García Márquez y otros autores latinoamericanos.
Temáticas centrales
El mar y la sal, símbolos permanentes en su obra, se combinan con otras temáticas recurrentes:
- La infancia y el terruño: Punta de Piedras es un espacio narrativo constante, ya sea como escenario real o como lugar simbólico cargado de recuerdos.
- La memoria y la pérdida: la evocación de la madre, la emigración y la muerte de familiares y amigos impregnan gran parte de su poesía.
- La crítica social: sus textos incluyen reflexiones sobre la situación política y económica de Venezuela, abordadas de manera indirecta a través de imágenes y metáforas.
- La naturaleza y el medio ambiente: la preocupación por la destrucción de los ecosistemas se hace evidente en poemarios como Del hombre y otras heridas del mundo.
- El erotismo: aparece de forma sutil en poemarios como Cayena de sal y La cama, donde el cuerpo y el deseo se entrelazan con la nostalgia y la memoria.
Versatilidad artística
Ortiz no se ha limitado a la literatura. Su trayectoria incluye la música, el teatro y las artes plásticas. Como guitarrista y compositor, ha creado arreglos reconocidos e integrado agrupaciones como el Trío Rómulo Lazarde y la estudiantina Alberto «Beto» Valderrama Patiño. En el teatro, dirigió proyectos universitarios y colaboró en montajes a través de la musicalización y la escritura de guiones. En la pintura, desarrolló un estilo basado en el claroscuro y la acuarela, explorando también la plástica como complemento de su obra poética.
Esta versatilidad le permitió experimentar con proyectos híbridos. Suite del Refugio (2017) es ejemplo de ello —obra que en 2024 fue arreglada para orquesta sinfónica y estrenada en la Isla de Margarita—, al combinar poesía y música en homenaje a personas significativas en su vida. De modo similar, Reflexión frente al mar (2024) y En silencio y solitud (2025) integran poesía y pintura en colaboración con el artista Carlos Calderón, consolidando un diálogo interdisciplinario que enriquece su propuesta artística.
Proyección y legado
La obra de Ortiz ha circulado en Venezuela, Argentina y otros países de América Latina. Sus poemas han sido incluidos en antologías y utilizados en instituciones educativas como recurso pedagógico. El jardín de los versos felices (2022), por ejemplo, ha encontrado espacio en cientos de aulas escolares latinoamericanas y europeas como material de apoyo para la enseñanza de valores y el desarrollo cognitivo.
El impacto internacional de su obra se ha visto reflejado en importantes reconocimientos institucionales, como la inclusión de tres de sus poemas en el Currículum Nacional de Chile, en el apartado de Actitudes líricas, junto a la obra de figuras de la talla de Pablo Neruda.
Asimismo, Juan Manuel Ortiz fue incluido por la editorial SM en el libro Revuela Español 9, en el apartado «Libres en el mundo», junto a figuras trascendentales de la literatura latinoamericana, como Eduardo Galeano y Luis Rafael Sánchez. En dicho espacio, se reflexiona sobre la libertad.
Su rol como editor y corrector de estilo también ha dejado huella, al acompañar a escritores emergentes en la publicación de sus obras. De este modo, no solo ha construido su propio catálogo, sino que ha contribuido al fortalecimiento de la producción literaria de colegas y alumnos.
El reconocimiento como «poeta de la sal» sintetiza su vínculo con la Isla de Margarita y su capacidad para transformar la experiencia insular en literatura universal. Sus textos dialogan con la tradición latinoamericana y, al mismo tiempo, aportan una voz singular que rescata la oralidad, el paisaje y las historias de un pueblo costero.
Recorrido por la obra de Juan Manuel Ortiz
Cayena de sal (2017)
El debut poético de Ortiz llegó con Cayena de sal, un poemario compuesto por cincuenta y nueve textos en prosa poética. Allí se aprecia ya la impronta de su estilo: el mar, la nostalgia y el erotismo sutil como ejes centrales. La obra funciona como un diálogo íntimo entre el autor y su pasado, donde las imágenes marinas se entrelazan con la memoria familiar y los deseos no cumplidos. La libertad formal permite al poeta experimentar con metáforas, símiles e hipérbatos sin quedar atado a la métrica tradicional. Con este libro, Ortiz inauguró el camino que lo llevaría a ser reconocido como «el poeta de la sal».
Suite del Refugio (2017)
Ese mismo año creó la Suite del Refugio, obra lírico-musical integrada por cinco piezas que combinan música y poesía. Las composiciones están dedicadas a personas significativas en la vida del autor —su esposa (Jesylen Castillo), su maestro (Cheo González), su madre (Gloria Ortiz), su hija (Julia Elena Ortiz Castillo)— y a su propio pueblo —Punta de Piedras—.
Esta suite confirma la versatilidad de Ortiz, capaz de unir dos lenguajes artísticos en un proyecto único. La obra tiene un carácter testimonial, donde la música acompaña la palabra escrita en homenaje a la memoria afectiva.
En La Boca de los Caimanes (novela, 2017-2023-2025)
La primera novela de Ortiz, publicada en 2017 y reeditada en 2023 y 2025, es un mosaico narrativo dividido en prólogo y treinta capítulos que pueden leerse de forma independiente. Inspirada en su infancia en Punta de Piedras, presenta un pueblo ficticio donde conviven personajes reales e imaginarios. El texto combina géneros diversos —crónica, poesía, monólogo, leyenda— y reflexiona sobre la noción de normalidad a través de figuras como Fiorela, una niña autista. La novela recibió buena acogida crítica y consolidó a Ortiz como narrador, además de poeta.
Roca de la sal (2018)
En 2018 publicó Roca de la sal, con noventa y dos poemas en prosa que refuerzan su vínculo con el paisaje insular. Aquí la Isla de Margarita aparece como protagonista absoluta: escenario, voz y símbolo. El libro explora la nostalgia del terruño y el deseo de permanencia, pero también la pérdida y la ausencia. La mitología griega, con ninfas y criaturas marinas, se integra como recurso simbólico para ampliar el universo poético. Este título reafirma el peso de la sal y el mar en su obra.
La cama (2018)
Con La cama, Ortiz explora lo íntimo y lo erótico. Cincuenta y tres poemas giran en torno a ese espacio doméstico donde confluyen nacimiento, amor, sueño y muerte. La cama se convierte en metáfora de la vida entera, escenario de lo efímero y lo perpetuo. El tono es reflexivo y sencillo, con un costumbrismo que evita artificios. El libro destaca por su capacidad de universalizar lo cotidiano a través de la palabra poética.
La casa (2018)
En La casa en donde estuve, el pueblo en que vivía, Ortiz vuelve a su infancia y convierte la vivienda familiar en protagonista. A través de sus paredes, ventanas y objetos, reconstruye la atmósfera de un pueblo cargado de creencias, supersticiones y relatos orales. La obra integra personajes típicos, remedios caseros y leyendas de espantos como la Sayona o el Langolango. El resultado es un retrato costumbrista que refleja la riqueza cultural de Margarita y la fuerza de la memoria colectiva.
Del hombre y otras heridas del mundo (2018)
Este poemario aborda la problemática ambiental y la relación destructiva del ser humano con la naturaleza. Con un lenguaje directo y cargado de imágenes, Ortiz denuncia la violencia ecológica y exhorta a aprender de la madre tierra. Los cuarenta y dos poemas de esta obra marcan un giro temático en su producción, ampliando la mirada hacia un compromiso social y ecológico.
Evocativos (2019)
Con Evocativos, Ortiz explora la poesía lúdica y pedagógica. El libro reúne setenta y nueve poemas en forma de adivinanzas y acertijos que giran en torno a la cultura y la idiosincrasia de Nueva Esparta. El tono es ligero y accesible, pensado para lectores jóvenes y adultos, y evidencia su interés por acercar la literatura al ámbito educativo. Este poemario destaca como ejemplo de la dimensión didáctica de su obra.
Aslyl (2019)
En Aslyl, la nostalgia y el mar vuelven a ocupar el centro. Con cuarenta y dos poemas en prosa, Ortiz construye una historia unificada en la que se repiten elementos como la luna, el café, la noche y una figura femenina. El libro reflexiona sobre el tiempo y la finitud, recordando al lector que el instante es lo único que permanece. Aquí se refuerza su capacidad para unir lo íntimo con lo universal.
Orilla sagrada (2019)
Esta antología reúne una selección de sus textos más representativos hasta el momento. Funciona como una síntesis de su producción inicial y permite al lector tener una visión panorámica de su estilo y temáticas.
Relatos desde el grito (2020)
Ortiz incursionó en la narrativa breve con esta antología de cuentos de terror y realismo mágico. Los relatos se inspiran en anécdotas de su pueblo, leyendas locales y vivencias cercanas. La obra combina thriller, terror psicológico y crónica, mostrando la versatilidad del autor y su capacidad para moverse entre géneros. Punta de Piedras aparece nuevamente como escenario central, reafirmando la importancia del terruño en su universo creativo.
Cuerpos en la orilla (2020)
Con ciento doce poemas, este libro explora la existencia humana en diálogo con lo divino. Incluye piezas de fuerte carga existencialista, reflexiones sobre lo «poéticamente correcto» y textos donde se entrecruzan erotismo y filosofía. Es un volumen amplio que consolida a Ortiz como poeta prolífico y capaz de abordar temas complejos con sencillez expresiva.
Matria por dentro (2020)
Con veintinueve poemas, esta obra aborda el dolor de la partida y la devastación de la tierra natal. Ortiz construye una carta poética a la Isla de Margarita en medio de la crisis migratoria. Los textos transmiten tristeza, pero también esperanza, y se convierten en refugio para quienes comparten la experiencia de la ausencia y el desarraigo.
Mi poesía, el equívoco (2021)
Este poemario, con ciento treinta y cuatro piezas, recorre la infancia, adolescencia y adultez del autor. Se trata de una obra extensa y confesional que reafirma su amor por Nueva Esparta y su visión de la poesía como instrumento de supervivencia. Ortiz aclara que su escritura ha respondido más a la necesidad vital y familiar que a la búsqueda de reconocimiento.
Antología de la sal (2021)
Esta compilación reúne once de sus poemarios escritos entre 2017 y 2021, además de incluir textos inéditos. Se convierte en la primera gran recopilación de su obra, mostrando la amplitud de su producción y la coherencia de sus temas.
El jardín de los versos felices (2022)
Con más de trescientos poemas infantiles, este libro se centra en temas escolares como la familia, la fauna, la flora y el universo. El objetivo es pedagógico: acercar la poesía a los niños como herramienta de aprendizaje. Su circulación en instituciones educativas latinoamericanas confirma el valor didáctico de la obra.
Desasosiego (2023)
Este poemario refleja la experiencia del inmigrante. Con treinta y siete poemas en prosa, Ortiz aborda la condición del extranjero que, pese a vivir en dos países, no siente pertenencia plena a ninguno. El tono es nostálgico y honesto, con imágenes que transmiten tanto la belleza como la crudeza de la vida lejos del terruño. El primer poema, «Punta de Piedras y su permanencia», marca la pauta de toda la obra: la evocación constante de la isla natal y la imposibilidad de desligarse de ella.
En Desasosiego aparecen metáforas cargadas de peso literario, figuras retóricas y juegos de palabras que intensifican la sensación de pérdida y búsqueda. Se trata de un libro clave para comprender la etapa argentina de Ortiz y su capacidad de transformar la migración en materia poética.
Rimando hasta la orilla (2023)
Con Rimando hasta la orilla, Ortiz regresa a las formas clásicas, utilizando rima consonante y estructuras tradicionales. El autor experimenta con cadencias habituales, pero también introduce variantes inesperadas que modernizan los versos. El resultado es un poemario que demuestra su versatilidad: un poeta formado en la libertad de la prosa que no teme adentrarse en la rigurosidad académica.
Los textos combinan introspección y memoria, con constantes referencias a su pueblo y a su madre. En una de las piezas dice: «Volver al uvero, Gloria / frente a nuestra vieja casa / a ver si se me acompasa / el alma con la memoria». Este tono elegíaco refuerza la relación entre poesía, familia y paisaje insular.
Espacios: tríptico de lo que fue (2023)
En esta obra se reúnen tres poemarios anteriores: La cama, La casa y Matria por dentro. La compilación muestra un hilo conductor entre los tres títulos: los lugares fundamentales de la existencia humana. La cama como espacio de nacimiento y creación; la casa como escenario de la vida cotidiana y de la memoria familiar; y la matria como territorio, ciudad o país, donde se vive o al que se emigra cuando el propio se hace insostenible.
La unión de estos libros permite al lector identificar la coherencia del proyecto poético de Ortiz, siempre ligado a lo íntimo y lo colectivo, a lo doméstico y lo histórico.
Palangre (2023)
En paralelo al texto anterior, Ortiz publicó Palangre, un volumen que recopila más de doscientas frases y reflexiones surgidas a lo largo de su trayectoria. El título alude a la técnica de pesca artesanal, reforzando la conexión con el universo marino. El libro funciona como un compendio de pensamientos breves que condensan su visión sobre la vida, el arte, la escritura y la sociedad. Es una obra fragmentaria, pero coherente dentro de su corpus literario.
Presencias (2023)
Esta es una antología poética dedicada a personas y personajes que han acompañado o influido en la vida del autor. El libro es un reconocimiento explícito a su entorno humano, un mosaico de homenajes donde la poesía se convierte en testimonio y gratitud. Este volumen amplía el espectro de su obra, integrando la memoria personal con el reconocimiento a figuras de su círculo vital y cultural.
Reflexión frente al mar (2024)
En 2024 Ortiz publicó Reflexión frente al mar, un libro que une poesía y artes plásticas en colaboración con el artista Carlos Calderón. La obra contiene poemas inspirados en cuadros del pintor, creando un diálogo entre palabra e imagen. Este proyecto marca un paso más en la integración interdisciplinaria de su trabajo, ya visible en Suite del Refugio, pero ahora llevado al campo visual.
La publicación recibió atención por la originalidad de su propuesta: no se trata solo de ilustraciones que acompañan versos, sino de un proceso conjunto en el que la pintura y la poesía se potencian mutuamente. Este libro refleja la voluntad de Ortiz de expandir la poesía hacia nuevos lenguajes y públicos.
Naufragio (2024-2025)
Ese mismo año, Ortiz presentó Naufragio, su tercera gran antología poética. El volumen reúne ediciones revisadas de sus principales poemarios: Cayena de sal, Roca de la sal, La cama, La casa, Del hombre y otras heridas del mundo, Evocativos, Aslyl, Cuerpos en la orilla, Matria por dentro, «Mi poesía, el equívoco», «Desasosiego», «Rimando hasta la orilla», «Presencias», «Reflexión frente al mar» y «Palangre».
Esta compilación confirma la prolífica trayectoria del autor y permite observar la continuidad de sus temas: la sal, el mar, la memoria, la nostalgia y la identidad. Al mismo tiempo, Naufragio funciona como un balance de más de una década de escritura, poniendo a disposición del lector una visión panorámica de su obra.
En silencio y solitud (2025)
En 2025 Ortiz volvió a colaborar con Carlos Calderón para publicar En silencio y solitud. Este volumen prolonga el diálogo entre poesía y pintura iniciado en Reflexión frente al mar, pero con un tono más introspectivo. Aquí la palabra poética se detiene en la contemplación del silencio y en la experiencia solitaria del creador frente a la obra plástica.
El libro se convierte en un espacio de reflexión sobre el proceso artístico mismo: la soledad del escritor y del pintor como condición de creación, y la posibilidad de que ambos lenguajes —literario y visual— se encuentren para compartir ese silencio. Con este título, Ortiz consolida una etapa madura de su producción, caracterizada por la búsqueda de nuevos formatos y la apertura al diálogo interdisciplinario. En 2025, el poeta hizo una reedición argentina de Naufragio e incorporó esta obra.
Balance de la etapa reciente
La producción de Ortiz entre 2023 y 2025 muestra una madurez estética y una consolidación temática. Mientras Desasosiego y Rimando hasta la orilla refuerzan su capacidad para alternar entre la prosa poética y las formas clásicas, Espacios y Naufragio confirman la coherencia y la continuidad de su proyecto literario. Por otro lado, Reflexión frente al mar y En silencio y solitud abren un camino novedoso al integrar poesía y pintura, extendiendo el alcance de su obra más allá de la página escrita.
El mar, la sal, la nostalgia y la memoria siguen presentes, pero enriquecidos por una mirada crítica y existencialista. En estos años, la experiencia migratoria y la colaboración con otros artistas se convierten en motores creativos que proyectan su obra hacia horizontes más amplios.
Del poeta de la sal al editor argentino
La figura de Juan Manuel Ortiz trasciende la esfera literaria para abarcar roles decisivos como editor, corrector de estilo y promotor cultural. Su trabajo con otros autores lo llevó a sobresalir también fuera del ámbito estrictamente creativo: la Cámara Argentina del Libro lo reasignó dentro de su categoría profesional, pasando de editor individual a reconocimiento como editorial. De esta manera, nació oficialmente Editorial Naufragio, la primera iniciativa editorial margariteña en Argentina y la segunda de origen venezolano tras Círculo Amarillo.
Este paso no solo representa un logro colectivo, sino la consolidación institucional de su trabajo editorial. El proyecto editorial surgió gracias al apoyo del editor Carlos Caguana Sucre, director de Letra Grupo Editorial en Perú. Esa estructura amplía su legado más allá de la escritura y consolida su aporte al tejido cultural latinoamericano desde Buenos Aires.
Aportes a la literatura venezolana y caribeña
La obra de Ortiz ocupa un lugar singular en la literatura venezolana contemporánea. Su identidad como «poeta de la sal» articula elementos culturales de la Isla de Margarita —el mar, la sal, el terruño— con formas literarias universales. Esta dualidad le permite no solo rescatar la tradición oral y costumbrista, sino también reinterpretarla con herramientas poéticas renovadoras.
La prosa poética, la narrativa fragmentaria y el uso de géneros híbridos lo distinguen como un autor que evita la rigidez estilística. Obras como Del hombre y otras heridas del mundo o Desasosiego demuestran su capacidad de abordar temáticas como la crisis ambiental o la migración desde una mirada íntima y comprometida.
Además, su producción infantil —especialmente El jardín de los versos felices— lo posiciona como un autor interesado en la enseñanza de valores y el desarrollo cognitivo a través de la poesía en contextos educativos. Su presencia en plataformas literarias, antologías y escuelas latinoamericanas da cuenta del impacto pedagógico de su obra.
Versatilidad y experiencia interdisciplinaria
Ortiz constituye un ejemplo de artista integral. Su trayectoria abarca la música —como guitarrista, compositor y arreglista—, el teatro —como director, letrista y dramaturgo—, la plástica—como artesano, escultor en alambre y coqueteo con la pintura—, y la edición. Esta versatilidad convierte a su obra en un puente entre lo literario, lo musical, lo plástico y lo escénico.
Los proyectos híbridos como Suite del Refugio, Reflexión frente al mar y En silencio y solitud son el reflejo de ese impulso interdisciplinario que se manifiesta desde los formatos hasta la colaboración con otros creadores, como el artista plástico Carlos Calderón.
Proyección internacional y legado
Desde Buenos Aires, Ortiz ha mantenido su producción literaria, editorial y docente, fortaleciendo vínculos entre Venezuela, Argentina y otros países de habla hispana. Su trabajo ha sido distinguido con premios literarios, homenajes institucionales y reconocimiento en medios como el diario El Sol de Margarita. En esa plataforma sigue publicando columnas como «Transeúnte», donde combina crónica, reflexión y evocación cultural.
Su llegada a la Argentina en 2019 y su residencia sostenida han ampliado su campo de acción dentro del continente. Esa experiencia migratoria se refleja en su obra como fenómeno temático y como motor creativo. Llegado a este punto, su legado es polifacético: poeta, narrador, compositor, editor, docente y artista plástico. Ha dado voz a la experiencia insular, ha traducido la nostalgia en literatura, ha promovido otras voces desde su rol editorial, y ha pasado a formar parte activa de la historia literaria venezolana y caribeña contemporánea.
1 comentario en “Biografía de Juan Manuel Ortiz: el poeta de la sal”
Felicidades Juan, eres un orgullo para nuestro estado Nueva Esparta, y para nuestro país. Dios te bendiga siempre y te colme de éxitos. 🙌