Romanticismo

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Frankenstein o el Moderno Prometeo

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El término “Romanticismo” suele convocar intuiciones claras —una sensibilidad ligada a lo sentimental, lo sublime o lo irracional—, sin embargo, al intentar formular una definición precisa, el equívoco es la norma. Este movimiento cultural emergió al final del siglo XVIII en Europa, y desde allí floreció en el siglo XIX en América, transformando no solo la literatura, sino también la filosofía, el arte y las ideas políticas en gran parte del mundo occidental.

Más allá de su origen literario, el Romanticismo cristalizó como una expresión cultural amplia y dinámica que desafía nuestra capacidad de sintetizar “la cultura” en pocas palabras. Un concepto tan cargado de significados como el de cultura—entendida como el cultivo de la mente o el espíritu y como marco identitario colectivo—se torna especialmente complejo dentro de contextos cruzados como este movimiento histórico.

Origen y fundamento filosófico

El Romanticismo surgió como una respuesta crítica al racionalismo que había imperado durante la Ilustración y al academicismo neoclásico, proponiendo una vuelta hacia la subjetividad, la emoción y lo intuitivo. Influyó especialmente el prerromanticismo alemán —el movimiento Sturm und Drang— que entre 1767 y 1785 preludió la exaltación del individuo frente al orden racional. Surgió en un entorno marcado por las revoluciones (Francesa e Industrial), que generaron desasosiego frente a la modernización acelerada y el predominio burgués.

Rasgos estéticos y temáticos del movimiento

Los rasgos comunes del Romanticismo literario incluyen la exaltación del yo, la imaginación, lo emocional y lo sublime. Se privilegia lo subjetivo frente a lo objetivo, lo irracional frente a lo lógico, y se busca evocar lo fantástico y lo melancólico como formas de expresión auténticas.

Subjetividad, libertad creativa y rebeldía

Se valora la individualidad, la originalidad y el genio creador, otorgando preeminencia al artista que plasma su mundo interior libre de las reglas neoclásicas. La obra suele permanecer abierta, inacabada y permeable, frente al ideal clásico de perfección formal.

Naturaleza y estética de lo sublime

La naturaleza deja de ser un elemento ordenado y pastoral para convertirse en escenario dinámico, misterioso y vital, usado como espejo del estado emocional del artista y símbolo de libertad frente al orden impuesto. Lo sublime, aquello que conmueve y turba, prevalece sobre la belleza equilibrada.

Imaginación, nostalgia y lo fantástico

El Romanticismo abraza la evasión de la realidad, los paisajes medievales, el exotismo, los mitos populares y lo sobrenatural como canales para la creatividad y la expresión individual.

El Romanticismo literario en novelas icónicas

Frankenstein: científico, monstruo y rebelión

Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) de Mary Shelley es un ejemplo paradigmático de la novela romántica gótica. Desafía la Ilustración al cuestionar la pretensión de controlar la vida mediante la ciencia, y retrata la obsesión, la culpa, la soledad y lo trágico del «yo» alienado. Shelley trastoca convenciones al entrelazar lo filosófico, lo horrorífico y lo ético-político, sublimando tragedias personales para explorar la condición humana.

Victor Hugo y la romántica lucha social

Victor Hugo, figura central del Romanticismo francés, expone en Los Miserables (1862) una combinación de crítica social y épica romántica, con personajes arquetípicos y una defensa apasionada de la justicia, la redención y la dignidad humana. La pobreza y la opresión no se idealizan superficialmente, sino que se transforman en vehículo para conmover y exigir transformación social.

El Romanticismo gótico y lo marginal

Autores como Edgar Allan Poe y Byron, Shelley, Keats, Walter Scott —los pioneros románticos de Inglaterra— desarrollaron temáticas góticas, lo sobrenatural, lo trágico y lo marginal, reflejando la caída frente al ideal ilustrado.

Concepción política e ideológica del Romanticismo

Lejos de ser homogéneo, el Romanticismo se articuló como motor de rebeldía contra el orden burgués e ilustrado, proponiendo libertad individual y a menudo nacionalismo cultural. En Inglaterra hubo una vertiente conservadora (como Walter Scott) y otra liberal (como Shelley, Byron, Keats), ambas críticas del progreso industrial deshumanizador, influenciadas por pensadores como William Godwin.

Romance versus actualidad y distorsiones modernas

En el presente, el concepto de «romanticismo» se ha degradado en su percepción popular, asociado a historias de amor melodramáticas, clichés y romances juveniles con elementos paranormales ligeros, distorsionando su auténtica vocación anti-racional. Esta deformación desvía el foco de su esencia histórica: una demanda de libertad creativa, confrontación ideológica y exploración sentimental profunda.

Conclusiones generales

El Romanticismo fue una revolución estética e intelectual contra la frialdad ilustrada y la rigidez neoclásica, privilegiando el yo, la imaginación y lo sublime. Se expresó en novelas que aún hoy nos interpelan, como Frankenstein y Los Miserables, que combinan introspección, crítica social y exaltación emocional.

Aunque en la cultura popular actual el término se reduce a clichés sentimentales, su verdadero legado sigue siendo la reivindicación de la subjetividad, la libertad creativa y la reafirmación del arte como espacio de rebelión y autenticidad.

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