La historiografía mundial coincide en señalar que desde la antigüedad las sociedades patriarcales han usado el feminicidio como forma de castigo —psicológico y físico— contra las mujeres.
Desde a. C. hay referencias de odio y punición hacia la mujer. Los textos clásicos de Sófocles, Eurípides y Esquilo muestran parte de esa antigua barbarie. Las Coéforas, que junto a Agamenón y Euménides forman la «Trilogía de Orestes», de Esquilo, teatraliza cómo Orestes mata a su madre Clitemnestra para vengar la muerte de su padre Agamenón.
Crónicas de violencia en la conquista
Leemos en las crónicas de Indias cómo durante los siglos XVI y XVII los conquistadores españoles asesinaban a las mujeres en plena expedición. Inés de Atienza fue violada y asesinada; Ana de Rojas fue ejecutada por organizar un plan contra Lope de Aguirre, y así se repiten casos misóginos alrededor del mundo.
En esos siglos también se justificó el homicidio con la creencia de que eran brujas, provocando la llamada «cacería de brujas», en la que muchas mujeres fueron perseguidas, torturadas y enviadas a la hoguera por orden del Santo Oficio.
Retazos medievales en el siglo XXI
El adulterio tampoco fue permitido en la Edad Media y el hombre que matara a su mujer adúltera no era considerado homicida. El feminicida de este siglo parece vivir retazos de esa mentalidad medieval, pues aún hoy se asesina por celos o por la decisión de divorciarse.
Las reseñas son infinitas: «Hombre asesinó a una mujer en Los Palos Grandes y luego se quitó la vida», «Femicidios aumentan en Nueva Esparta en la época pospandemia COVID-19», «Tercera mujer asesinada por su pareja en Isla de Margarita», «Alarma en Margarita por aumento de femicidios en los últimos siete meses». Estos titulares evidencian una violencia persistente que ocupa espacios constantes en la prensa.
La realidad en Margarita
En la Isla de Margarita, en lo que va del año, se ha informado sobre cinco casos de mujeres asesinadas por sus parejas, sin contar los no reportados. Las prefecturas y fiscalías están minadas de denuncias que quedan solo en el papel, mientras la violencia psicológica y física continúa afectando a las familias.
Uno de los casos que más llamó la atención fue el homicidio de Lisbeth Ismaela Guerrero Conde, de 46 años, con discapacidad auditiva. Fue asesinada por celos y enterrada en las Salinas de Pampatar en junio de 2021, en el sector La Caranta, municipio Maneiro. Hasta cuándo tanta misoginia, feminicidio e impunidad en la Isla de Margarita.